Cajón desastre

El precio de ser distinto

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Como bien dijo Martín Vigil, la sociedad no perdona a aquellos que se revelan contra el papel que se les a asignado. esto ocurre en todas partes: empezando por el colegio, en el que un niño que juega con una muñeca pasa a ser apelado por sus compañeros “el mariquita”; y llegando hasta nuestro circulo, donde se tacha de calzonazos al hombre que deja que su mujer trabaje fuera del hogar mientras el se ocupa de éste.

La propagandística libertad de la que creemos disponer en todas sus vertientes se convierte asi en una utopía, siendo el verdadero sentimiento una intolerancia profunda que corta el paso a aquellos que, para su acierto o desgracia, escogieron el verdadero camino de la libertad, aquel que podría haber conducido también a la felicidad si ese tapon llamado sociedad no lo habria obstaculizado de la forma que lo ha hecho (y aun sigue haciendo); dejando asi una unica posibilidad de vía despejada en este trayecto al que algunos se atreven a llamar vida.

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