Oliva Rodríguez
Llegados a estas fechas en que se programan los viajes o vacaciones, tan esperados durante todo el año, me he parado a pensar en el bien que me han hecho todos y cada uno de los viajes que he realizado en mi vida para obtener una visión más amplia de todo lo que me rodea.
Creo que el conocimiento nos permite subir un escalón y observar las cosas de otra forma. Tanto en viajes a parajes exóticos y lejanos, en que sus habitantes difieren mucho del nosotros en filosofía de vida, en tradiciones, en cultura... como en lugares cercanos, incluso dentro de nuestro mismo país, siempre podemos admirar un monumento que nos lleva a indagar en las circunstancias de su construcción y nos enseña historia.
Observar una extraña costumbre de los lugareños puede plantearnos un cambio en nuestro pensamiento y hacernos percibir nuestros pequeños problemas de otra forma, a relativizar nuestras preocupaciones, a priorizar en nuestras necesidades, a obtener un punto de vista tolerante con los demás...
Por todo esto. Porque te provoca cambios, sin apenas darte cuenta, en la manera de pensar y vivir tu vida, y te convierte en una persona más tolerante, extrovertida, admiradora de las diferencias entre las personas... Por eso pienso que es muy necesario viajar; programar con ilusión cada pasaje del viaje y una vez en el lugar disfrutar cada momento, mezclarse con los lugareños y mantenerse expectante a cada detalle que perciban nuestros sentidos.
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