Vivo constantemente en un desengaño pero no tengo motivos. Pienso que si yo no estuviera aquí los demás serían más felices porque mi amargura es la suya. Veo razones para estar amargada y realmente quizás no las haya.
Soy tan complaciente, tan condescendiente, tan insulsa que luego le doy vueltas a la cabeza pensando que me toman el pelo por ser así. Y me siento engañada, atormentada y tan insegura que quiero gritar y chillar, para ver si así me afianzo y dejo de ser insegura, pero mis gritos y mis chillidos van siempre en una mala dirección. Lo estropeo más.