Mary Carmen Gómez de la Rosa

Foto: Ella con su rosa lleva un libro
Esta basada en la leyenda de San Jordi, en la que una princesa estaba cautiva por un dragón. Jorge, un hombre valiente, luchó con el dragón y lo mató, liberando así a la princesa. Cuenta la leyenda que de la sangre derramada del dragón, nació una rosa.
El sol parece aliarse y brillar con fuerza este día especial. No es día feriado pero sí es de fiesta. Miles de rosas inundan las calles de todos los rincones de Cataluña. Primero se vendían en las floristerías. Poco a poco fueron apareciendo pequeños vendedores. Puestos ambulantes abiertos especialmente para este día. Ahora, los jóvenes que quieren hacer su viaje de fin de curso, llenan de pequeñas paraditas las plazas y calles.
Con el amanecer se van colocando estratégicamente en los lugares por donde pasará, bien el jubilado que comprará la rosa para su hija enferma, bien el pretendiente que mira y compara los precios para encontrar “bueno, bonito y barato”.
A la salida de la fábrica, un tenderete para el trabajador que no ha tenido tiempo de acercarse a la plaza. Allí tiene un montón de preciosas rosas rojas, para su amor. Siempre se la ha regalado. Siempre se la regalará. Para el coche en doble fila, baja ese ejecutivo que entre reunión y reunión compra flores para sus mujeres. A ella le gustan amarillas. A sus hijas blancas.
No hay mujer que se quede sin una rosa el día 23 de abril. Se la regalan los amigos. A las viudas en el club de jubilados. Algunos establecimientos obsequian a las clientas con una.
Junto con ese perfume que inunda las ciudades, pueblos, villas, se asientan miles de puestos de libros con toda la variedad literaria del momento. Las librerías ponen uno delante de su tienda. Necesitan manos extras.
Se celebra el día internacional del libro, conmemorando la muerte del gran escritor, Miguel de Cervantes. Jóvenes y mayores rebuscan entre los que creen puede atraerles.
Miles de manos tocan las últimas novedades. En los grandes almacenes, listas con los horarios en que estarán los escritores firmando el último. Colas de admiradores, y pacientes hombres populares que, una y otra vez, preguntan: “Su nombre”.
Hay que vivir un día de la rosa en las Ramblas de Barcelona. Pasear por un pueblo pesquero y ver al tímido muchacho con la rosa y las espigas ¡es hermoso!
Los colegiales inundan las ramblas, calles principales con cientos de niños de diferentes edades en donde encuentran cuentacuentos que escenifican historias contadas de generación en generación.
Parejas de enamorados pasean su amor, ella luciendo su rosa, y él en busca de ese libro que no acaba de encontrar en esos cientos de puestos callejeros. Las ciudades bullen. El olor y el color de las flores parecen alegrar el corazón de los transeúntes.
No es igual que venga el repartidor de la floristería con un gran ramo de ellas. ¡no! La rosa es bonita cuando te la deja, temprano, encima de la mesa de trabajo ese compañero de la oficina. Una rosa y una mirada diciendo “un año más” es el mejor regalo para la cansada cocinera que lleva toda la mañana haciendo la paella.
Esa hermosa rosa blanca que trae ese hijo que se fue de casa un día y sabe que su madre no tiene ya quien se la regale. ¡Hermoso día.! Una rosa para el alma. Un libro para la mente.
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