Por nuestra usuaria Mgarcía

Foto: Iguales, pero diferentes
¿Es el Ministerio de Igualdad un flaco favor para las mujeres? ¿Por qué crear un ente específico cuando todos somos iguales?... ¿O es que no lo somos? Es reciente su existencia, pero no por ello menos exenta de polémica. La bandera de batalla de las mujeres siempre ha sido conseguir la igualdad que una sociedad machista muchos años atrás nos arrebató. ¿Pero es la mejor manera crear organísmos específicos para la mujer? ¿No es en sí mismo una manera de auto discriminación?
Si abogáramos por mantenernos como personas anónimas, sin sexo, raza, orientación sexual o religión las cosas serían bastante más sencillas, pues la ley, derechos y deberes, se aplicarían de manera similar para todos.
¿Por qué entrar en polémicas absurdas sobre el uso de nuestro castellano? ¿No nos está llevando eso a imitar al tan odiado machismo? Y es que una cosa es feminidad, y otra feminismo. No caigamos en los mismos argumentos que siempre hemos criticado, ¿no están cansadas de tanto "chiste fácil", machista y feminista?
Quedémonos con el término medio, personas, ni más ni menos. Las mujeres destacamos por la inteligencia, demostrémoslo. Es necesario que caiga todo el peso de la ley sobre aquellos que agreden o asesinan, pero no por ser una mujer la víctima, si no porque el agresor es un asesino; cobremos igual que otro en el mismo puesto, pero no por ser mujer, si no por nuestra valía; no nos enfademos si alguien nos cede el asiento o se ofrece a llevarnos el peso, no es que nos crean poco capaces, es una cortesía.
Mientras no cambiemos todos los días esas pequeñas cosas, y no extrapolando todo a los nada beneficiosos extremos, nosotras, con nuestra actitud, seremos nuestras peores enemigas. Y si no, hagan la prueba.
Piensen por un momento en que la única manera de identificarse fuera unas iniciales M.G. o un número. ¿no creen que todos sentiríamos la misma repulsa ante un asesinato, alabaríamos el trabajo bien hecho de alguien o admitiríamos todos los matrimonios? Piénsenlo.
CAPÍTULO II. DERECHOS Y LIBERTADES. Artículo 14. "Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social".
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