Por una usuaria anónima
A lo largo de mi vida, he trabajado mucho, como todos, para poder vivir, nunca he antepuesto el trabajo a mi vida familiar, personal. Aquello de “trabaja para vivir no vivas para trabajar”, yo lo he llevado a rajatabla. Ahora bien, eso creo que me da derecho a cuestionar a aquellas personas que con tal de estar en lo más alto de su puesto de trabajo, arrasan no sólo con el compañero que tienen al lado, sino que también dejan aparcada su vida privada. Al menos yo lo veo así.
Hoy en día todo vale con tal de estar el primero. Ya no es que trabajes bien, mucho, con respeto, cargado de ilusión, de esperanza, de sueños para poco a poco ir avanzando, no.
Ahora es llegar, ser el primero, ganar más que nadie (aunque lo que hagas realmente no sirva de nada ni para nada porque lo haces mal), pero eso sí, ten confianza en tus sonrisas, en tus coqueterías, en tus copeos, y en tus pisotones a todo aquel que tienes al lado.
Critica, que algo sacarás, empuja que a alguien quitarás de en medio. Haz todo lo que puedas para ser tú la persona que mandes y no hagas nada. Además, te aplaudirán y tus jefes te soportarán porque realmente lo que les gusta es que les engañes con tu trabajo, pero que estés ahí quizás hasta sin dormir y a todo esto sin dar un palo al agua. ¡Qué señores/as!,
Lo he visto y comprobado y es alucinante la capacidad que tienen algunas personas para creerse dioses y estar en todas partes aunque no hagan absolutamente nada. En contra, que no tienen familia y si la tienen que hay muchos, prefieren dejarla a un lado para hacer que trabajan.
Si tú también quieres publicar un artículo y ser nuestra columnista, envíanoslo a la
zona de comunidad