Por nuestra usuaria y columnista MCG

Foto: Quedó este trozo...
En mi casa, como en muchos hogares, diariamente compramos una barra más o menos grande de pan, dependiendo por supuesto las personas que vayamos a comer. Ese día, habíamos comprado una barra como el día anterior y como el posterior.
En día anterior y el posterior sobró casi la mitad de ella. Pero ese día, a la hora de comer, el menú que habíamos preparado favorecía la ingesta de dicho acompañamiento.
Ni mi hija ni yo nos percatamos que había de cena embutidos varios y por consiguiente había que acompañarlos con pan. Pusimos los embutidos y quesos en la mesa y al ir a poner el pan sin mediar palabra ambas, madres, observamos que no había para los cuatro comensales de la mesa. No dijimos nada pero, cuando recogimos la mesa, en un rincón de la cocina, había un trozo de pan.
Para la mayoría de la gente esto será algo más que habitual, pero yo, al verlo, simplemente pensé “de cuatro, dos eran madres”. Yo no comí pan por mi hija y ella no lo hizo por su hijo. No hay que hacer grandes cosas para demostrar lo que se quiere a un hijo.
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