El valor de las cosas en tiempos de crisis

Ana

Esta mañana me disponía a coger un avión a Bélgica tras un largo día y una larga noche de sábado celebrando la boda de unos amigos (grande, por cierto). Tras dormir unas pocas horas, mis hermanas me han recogido para llevarme al aeropuerto de Zaragoza.

Como íbamos bien de tiempo, hemos parado en una estación de servicio para no tener que hacer paradas más adelante. Yo iba vestida con unos vaqueros, una camisa, una chaqueta, en fin, nada del otro mundo. Excepto por una toquilla blanca de lana.

Esa toquilla me la llevaba conmigo para que me diera calor en el frío clima del norte. Calor en parte interior, pues esa toquilla llevaba en sus hilos parte de mi corazón y de trocitos de mi historia familiar. Mi bisabuela se la había hecho a mi madre como regalo para su boda.

Mi madre la tenía muy cuidadosamente guardada en un cajón. La sacó para enseñármela, con cuidado, como si fuera un bebé. Yo le pedí que me dejara llevármela por este año, para recordarla a ella, a mi familia, a mi sangre. Esa toquilla tenía un inmenso valor sentimental.

Al ir al baño, la he dejado colgada de un gancho, mientras pensaba “¡vaya, mira que si se me olvida cogerla luego!”. Y así ha sido. Ahora, estoy tan enfadada conmigo misma que si pudiera negarme el saludo lo haría.

Me he dado cuenta demasiado tarde, cuando estaba a punto de embarcar.

He llamado a mis hermanas, para que a la vuelta pasaran a ver si estaba. Por supuesto, la toquilla no estaba ya. Como es normal, la mujer que la haya visto se la habrá llevado, contenta por aumentar su armario con un complemento más, aunque sea una simple toquilla blanca. Para esa mujer, es sólo eso. Para mí y para mi madre, para mis hermanas, para todas las mujeres de mi familia, esa toquilla es muchísimo más.

Así de parcial es la mente ante un mismo hecho; lo que para unos puede ser una catástrofe, para otros es una tontería. En este caso es así: he perdido una toquilla de gran valor sentimental, una toquilla que para mí tenía algo de vida pegada, la vida de mi sangre.

El dinero no puede sustituir este hueco. No bastará con que compre otra parecida. Pero a lo mejor me puede ayudar a recuperarla...mis hermanas y mi madre dicen que estoy loca, pero como responsable primera de esta pérdida, tengo que hacer algo: ofrezco un buen pellizco a quien me pueda devolver la toquilla.

Digamos que estoy dispuesta a que la cifra sea de tres números, sin puntos ni comas. No haré preguntas, ni reproches, sólo quiero recuperar esa parte de mi corazón. Así que si la persona que lo ha encontrado lee esto, por favor, que me llame o me escriba un mensaje al 650072023.

Y si lees esto y luego una amiga tuya aparece con una toquilla de lana blanca nueva y te dice que se la ha encontrado, por favor enséñale esta noticia. Se busca toquilla blanca, cariñosa, amable, suave, bonita. Gran recompensa, recuerda.

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