Aquí desde donde escribo, en Reino Unido, acaba de salir una píldora que ya empiezan a llamarla “la viagra del sobrepeso”. Resulta que es un compuesto que al tormarlo evita que el organismo absorba la grasa de lo que ingieres. Por tanto, esa grasa viaja directamente “al otro lado” tal cual ha entrado.
El fabricante de esa píldora, con nombre de adverbio de lugar, aconseja que se tome un suplemento vitamínico completo ya que, al reducir la capacidad de absorción de las tripas, podría conducir a la carencia de algún nutriente. Con todo esto, y como efecto secundario, advierte que el usuario puede que experimente flautulencia, y que si su dieta es rica en grasa, puede experimentar alguna “pérdida” oleosa involuntaria por cualquier canal de eliminación de residuos que el cuerpo humano tiene.
En casos más severos, se aconseja usar “protección” para evitar disgustos mayores, como una compresa por ejemplo. No te mencionan qué hacer al respecto con el posible “olor”…
O sea, que en un país donde el Fish and Chips es el plato nacional y donde un número amplio de la población tiene la insana costumbre de desayunar un Fry Up, es decir, una fritanga, introducen una pastilla que va a crear más manchas aceitosas en el océano que el Prestige. Si además añadimos que se nos aconseja no tirar el aceite de freir por el desagüe porque es muy contaminante, vamos a ser perseguidos por Greenpeace cada vez que tengamos un apretón…
Eso sí, seremos contaminantes pero delgados. Iremos con pañales a trabajar, pero delgados. Oleremos a Eau de Náusea, pero delgados. Ah, y como la píldora cuesta una pasta, seremos más pobres, pero delgados. Y así seremos felices. A partir de ahora, la frase “éste pierde aceite” va a ser literal.