Entre Nosotras

Cuando el espejo miente

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Lo admito. Me acabo de comer un helado. Aunque más bien era un heladito. Uno de esos palos de madera cada vez más grandes, con un trozo de chocolate congelado cada vez más pequeño. Ahora estoy relamiéndome de gusto, pero en un rato, cuando me dé el bajón de azúcar –aunque ha empezando ya, justo antes del último mordisco– me sentiré terriblemente culpable. Ya sabéis, cinco minutos en la boca y toda la vida en las caderas. Y en eso somos especialistas las mujeres, en sentirnos culpables por todo lo que le hacemos a nuestro cuerpo.

Si nos sale un grano, no es porque una bacteria haya infectado un poro, no; somos nosotras, pecadoras, que anoche nos tomamos un bombón o hemos escogido mal nuestra nueva crema hidrantante o hemos dormido hundiéndonos en la almohada sin dejar respirar cada poro de nuestra piel. La celulitis (que adorna la piel del 95% de las mujeres de nuestro planeta) no es algo genético, sino culpa nuestra porque no hacemos suficiente ejercicio o no bebemos suficiente agua o pasamos demasiado tiempo sentadas. Nunca es suficiente, siempre se puede hacer más por el físico, nunca cuidamos lo bastante nuestro cuerpo como para estar relativamente satisfechas con su aspecto.

Tomemos seis cuerpos de mujeres en ropa interior, alineadas de mayor a menor peso. ¿Dónde nos colocaríamos nosotras en esa progesión? Pues casi siempre nos colocaremos mal, entre dos mujeres con más volumen del que nos corresponde. Y así es como nos vemos, siempre peor de cómo nos ven los demás. Nos miramos al espejo y nuestros brazos o muslos son demasiado gordos, tenemos ojeras siempre perennes bajo los ojos, flacidez en toda la piel, una nariz demasiado chata o demasiado grande, las caderas desproporcionadas con el resto del cuerpo y una cara con un pómulo poco marcado.

Todo esto, llevado al extremo, es una enfermedad y se llama trastorno dismórfico corporal
. Sus manifestaciones más conocidas son la anorexia y la bulimia, pero el espejo miente de muchas otras maneras. Cuando lo hace de manera constante y pensar en ello ocupa buena parte de nuestro tiempo, estamos enfermos. El trastorno dismórfico corporal es una enfermedad al alza en el mundo occidental y afecta ya a una de cada 50 mujeres.

P. D.: ¿Cuántas veces os habéis hundido en la miseria, con el humor torcido, o habéis salido corriendo de la primera tienda a la calle, tras miraros en un espejo y de repente veros fatal? Seguro que los demás ni siquiera se han fijado. A veces, tenemos que descansar un poco, incluso de nosotras mismas.

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