Cajón desastre

Curvas de silicona

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Confieso que es cierto en mi caso eso del empeoramiento de los defectos con la edad. Me refiero a la impaciencia, por ejemplo, o a la intolerancia hacia lo que me disgusta, cosa esta última que no siempre es un defecto, también lo afirmo. Por ejemplo, cuando me sale la intolerancia hacia la delgadez mórbida, fomentada como imagen ideal de la mujer por los medios de comunicación, por los diseñadores, por los creadores de tendencias. Veo una delgada mórbida y soy capaz de dejar una película a los 10 minutos. Y veo un diseñador aficionado a las delgadas mórbidas, y no voy a decir que dejo de comprarle, más que nada porque sus precios ya me resultaban prohibitivos antes del boicot, pero sí que pongo drástico punto final a mi admiración por su creatividad. Y es que estoy convencida de que no hay igualdad posible en ningún campo social mientras la imagen física dominante, la referencia ideal de la mujer, sea la mujer-niña, infantilizada, débil, frágil, torturada, pasiva, dependiente.

Lo malo es que me veo en franca minoría en mi intolerancia, condenada a sobrellevarla en soledad durante mucho tiempo. Sí, es verdad que algunos medios nos saludan de vez en cuando con reportajes sobre el supuesto regreso de las curvas. Incluso emplean fotografías de gordas, y sí, digo gordas, a ver si normalizamos el término de una vez, gordas bellísimas, sexys, maravillosas. Ha vuelto a ocurrir; supongo que por influencia del estreno de “Precious”, esa película en la que una chica, no gorda, sino con un problema de obesidad mórbida, nos ha encandilado a millones de espectadores en todo el mundo. Sobre todo a las mujeres, clara mayoría en la sala donde quedé prendada de la protagonista, Gabourey Sidibe, y del estupendo director responsable de la cinta, Lee Daniels.

Y algunos que conocen la película “Precious” de oídas se han confundido y han pensado que la fascinación por la protagonista tiene algo que ver con los kilos. No es el caso en absoluto. No se trata de pasar de la delgadez mórbida a la obesidad mórbida. Se trata de superar ambos extremos. O de que uno de esos extremos, el de la brutal delgadez, deje de ser finalmente un modelo para las mujeres. Y de que la gordura, la bella y sana gordura, no consista en una anoréxica con cuatro kilos de silicona en cada teta.

P. D.: En “Precious”, la obesidad mórbida es un problema más, que viene a sumarse a la pobreza, la marginalidad, la violencia sexual y la falta de amor en el seno de la familia. Y la esperanza toma la forma de una mujer dispuesta a enfrentarse a todos los obstáculos.

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