Sí, les felicito el año a estas alturas. Y es que aún no he superado el síndrome que arrastro desde mi infancia. Entonces, para mí, como para el resto de los que entonces éramos estudiantes, el año comenzaba justo cuando se iniciaba nuestro curso escolar, en el mes de septiembre. Y así ha continuado siendo hasta ahora. Alguna vez he comentado este síndrome con alguno de mis amigos y todos me han confesado que ellos también lo padecen. Septiembre es un mes de estreno, de estreno de curso, que antes era académico y ahora es político, profesional o, incluso si me apuran, personal.
Recuerdo con cariño la emoción que cuando era niña me producía la llegada del mes de septiembre. Había que ir a comprar un uniforme nuevo para el cole –porque las vacaciones nos habían regalado unos centímetros de altura–, además de los libros y los cuadernos para el nuevo curso. Estrenar lápices y bolígrafos, el compás, las reglas, forrar los libros... Todo esto me encantaba y, ya siendo mayor, me ha seguido entusiasmando compartir este ritual con mi hijo. También recuerdo la emoción de volver a ver a los compañeros, incluso a los profesores, y el deseo de poder compartir con mis amigas las confidencias sobre todo lo que habíamos vivido durante el veraneo.
Estos días, cuando me cruzo con los pequeños estudiantes en sus primeros días de colegio, intuyo que sienten las mismas emociones que otros tuvimos antes y otros muchos, antes que nosotros. Observo a los niños flameantes caminar hacia la escuela con sus mochilas nuevas y relucientes, el brillo de sus zapatos recién estrenados, la alegría del encuentro con sus compañeros de clase... y también los llantos de los más pequeños, que pugnan por no separarse de sus padres.
Y así siento que comienza un año más, que soy un año más mayor y que yo también me tengo que enfrentar al nuevo curso. Otra vez los madrugones, los tiras y aflojas con los jefes, el ir corriendo de un lado a otro porque quienes vivimos en una gran ciudad pasamos buena parte de nuestro tiempo combatiendo el tráfico, cruzar los dedos para no engrosar la lista del paro...
P. D.: No sé ustedes, pero yo suelo alcanzar el mes de septiembre llena de buenos propósitos, con una lista interminable de cosas que me propongo hacer. Sí, en septiembre comienza de nuevo el año. Y ojalá éste sea bueno para todos. ¡Feliz año!