Muchos de ustedes se preguntarán que es la DEA. Para muchos padres, es la situación que afrontan sus hijos: dislexia, discalculia, dispraxia, déficit de atención... es decir, dificultades específicas de aprendizaje. Y en estos días en que los adolescentes se preparan para la Selectividad, sus padres no saben si cruzar los dedos o poner una vela a Santa Gema, abogada de los imposibles.
Que los niños que la sufren lleguen a esta prueba es una hazaña. Muchos se quedan por el camino, el sistema educativo les echa. Por eso unos padres “rebeldes” han creado la Fundación Aprender. Organizan cursos para profesores e intentan sensibilizar a las autoridades. Además, han puesto en marcha centros para estos alumnos.
Todo con tal de evitar que fracasen quienes no tendrían por qué fracasar si se tuviera en cuenta su problema. Sé de lo que hablo, porque he tenido que explicar a un profesor que mi hijo no confunde la “B” con la “D” por fastidiarle o que no puede estar más de 10 minutos atento.
La respuesta que suelen dar es: “Su hijo es inteligente, pero tiene que fijarse, estar más atento”. “Ya, pero le he explicado que tiene un déficit de atención, que es hiperactivo y disléxico”, contestas. “¿Y qué me dice de las faltas de ortografía y de inventarse palabras al leer?”, pregunta el profesor. “Verá, los disléxicos suelen tener esos problemas”, dices tú. “Lo que pasa es que no se fija y quiere terminar rápido. No sean blandos, que los niños saben mucho”, concluye. Al final, al “profe” no le entra en la cabeza que el niño es “normal” e inteligente, pero que la metodología de enseñanza no es la adecuada.
Les aseguro que este diálogo no es broma y que muchos padres lo han tenido con los profesores de sus hijos. Y es que el sistema no está hecho para los niños, sino que son ellos los que tienen que adaptarse. El sistema tiene un carril y no te puedes desviar ni un milímetro porque te empuja a salir. Eso provoca que muchos padres peregrinen de colegio en colegio, buscando a quien tenga la buena disposición de entenderles, de asumir sus dificultades. Y muchos de esos menores terminan convencidos de que son un desastre y tiran la toalla.
Los niños con DEA son los grandes olvidados, el problema que nadie quiere abordar. De ahí la labor meritoria de la Fundación Aprender, empeñada en lograr la “visibilidad” de este problema, en que las autoridades educativas y la sociedad miren de frente esta realidad. ¡Ojalá lo logren!
P. D.: Sería injusto decir que no hay profesores que son una excepción. Siempre he pensado que la gran escritora pero sobre todo la extraordinaria pedagoga que es Josefina Aldecoa debería de dar unas cuántas clases magistrales de cómo enseñar a los niños con DEA.