EL SER HUMANO está programado para buscar la felicidad. Pero el subidón de ese modelito nuevo nos va a durar sólo un rato. El placer que nos proporciona el vestido se queda en el vestido. Cuando te lo quitas, o cuando te lo has puesto un par de veces, recaes. Queremos más, siempre más. Ojeamos con avidez las revistas de moda y soñamos con esos zapatos que, seguro, seguro, nos harían parecer más sexys y atractivas. Pero, una vez en nuestros pies, necesitamos otro nuevo Prozac que alimente nuestra ansiedad. En épocas de guerra, cuando el ser humano tiene que luchar para sobrevivir, no hay depresiones. Pero, una vez garantizado el techo y la comida, nunca tenemos suficiente.
UNA DE CADA CUATRO MUJERES consume fármacos antidepresivos en nuestro país. En Estados Unidos, se producen más suicidios que asesinatos. Y para dentro de una década, la Organización Mundial de la Salud predice que la depresión será la tercera causa de enfermedad en los países desarrollados, sólo por detrás de los problemas coronarios y de los accidentes de tráfico. Somos más sensibles al dolor que al triunfo. Nuestro sistema negativo es extremadamente excitable. No dejamos de darle vueltas a las cosas malas que nos suceden.
Cien años antes de Cristo, el filósofo griego Epitectus lo desmenuzó con toda claridad: “No es lo que te pasa, es cómo te lo tomas. El dolor y el sufrimiento no los provoca lo que te ha pasado. El dolor y el sufrimiento vienen de lo que nos contamos a nosotros mismos sobre las consecuencias, sobre el futuro, sobre lo que va a pasar como resultado de lo que ha pasado”.
P. D.: Bienvenidos sean esos pequeños momentos de placer. Me gusta, me sienta bien y lo estoy disfrutando. Porque, aunque sea un poquito, y aunque vivamos medio esclavas de la moda, gracias por esa pequeña dosis de felicidad que de vez en cuando nos regala ponernos algo que nos sienta bien.