Cajón desastre

Más allá de ‘Millenium’

  • Comentarios

Cuando era pequeña quería ser princesa, ya me entienden, no como las de ahora, sino como las de los cuentos. También quería ser hada. Hasta que decidí que me gustaba más ser hada con una varita mágica que me permitiera convertir en rana a quien me cayera mal. Luego, allá por mis 20 años, me hubiera gustado ser sueca. No crean que por ser alta y rubia (tampoco me habría importado), sino porque admiraba su sociedad.

Me parecía que era lo más parecido al paraíso, un lugar donde habían sido capaces de construir el Estado del bienestar; donde la educación pública era gratuita y de calidad; donde la sanidad, también pública, estaba al alcance de todos; donde habían logrado un sistema económico más justo procurando un reparto equitativo de la riqueza, donde se pagaban impuestos, pero estos lucían lo suyo en forma de servicios públicos. Se atendía a las ancianitas, se daban becas, las calles estaban limpísimas y sus ministros iban en bicicleta a trabajar y hacían cola para entrar en el cine como cualquier ciudadano.

Me parecía que la sueca era una sociedad a imitar, un referente. Luego leí a Henning Mankell y sus libros me gustaron, pero no me paré a pensar que lo que contaba era un reflejo de donde vivía. Hasta que “Millenium” me ha despertado a la realidad. Soy parte de la estadística, estoy entre esos millones de lectores que han leído la trilogía de Stieg Larsson. El escritor describe una sociedad real donde, además del Estado del bienestar, hay gente de toda clase y condición.

En “Los hombres que no amaban a las mujeres”, fue un shock para mí encontrar que, en mi idealizada Suecia, había nazis. Como en sus otros dos libros, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” o “La reina en el palacio de las corrientes de aire”, describe una sociedad real, donde hay buenos y malos, donde la corrupción existe, donde se libran batallas por la libertad de expresión, donde hay gente que lo pasa mal, donde no todos los derechos están reconocidos... una sociedad en muchos aspectos mejor que la nuestra y en otros, peor. Y ya no quiero ser sueca. Bueno, en realidad ese referente se fue difuminando a medida que en España alcanzábamos la libertad y la democracia plena.

Con su trilogía, Larsson nos enfrenta a la realidad, hace una crítica de la sociedad sueca, pone bajo el foco sus puntos negros y nos cuenta lo que es la vida cotidiana.

P. D.: Hace tiempo que dejé de creer en las hadas y en los paraísos, pero está ración de realismo sueco, a través de “Millenium”, me ha dejado conmocionada. Lo que ha escrito Larsson es tan auténtico, tan real, que nos ha cautivado a millones de personas en el mundo entero.

Publicidad
Publicidad
Publicidad