Yo no sé ustedes, pero la única vez que yo he sufrido “bullying” o acoso en el trabajo, el acosador era una mujer.
Se dedicó a molestarme, faltarme al respeto, hacerme llamadas desagradables y unas cuantas cosas más hasta que consiguió su propósito, que me fuera. Una bruja o una cabrona, como prefieran, en toda regla. Afortunadamente, era una ocupación temporal y no esencial para mi supervivencia económica.
Lo más interesante es que supe después de varias mujeres más que habían sido víctimas de la misma acosadora y que me confirmaron otro aspecto del asunto que también había observado: que acosaba preferentemente a las mujeres.
Y esto me parecía una historia particular, lo de la mujer que acosa a otras mujeres, resulta que responde a un fenómeno bastante extendido. Según el Workplace Bullying Institute de Estados Unidos, al menos. Este centro ha publicado recientemente un estudio sobre el acoso laboral, según el cual un 40% de los acosadores son mujeres, lo que ya es una mala noticia para nosotras. Pero es peor la segunda parte del estudio, la que muestra que los jefes acosan por igual a hombres y a mujeres mientras que ellas lo hacen sobre todo a otras mujeres, en más de un 70% de los casos. O lo que es lo mismo, que ellas son sexistas, además de cabronas. Vamos, el colmo de la revolución igualitaria en el trabajo.
Siento un profundo escepticismo por las teorías en torno a las supuestas diferencias biológicas y vitales que existen entre hombres y mujeres. La mayoría están basadas en solemnes tonterías. Y entre las más ridículas están todas ésas que llevan unos cuantos años generalizando, como si de ciencia se tratase, sobre las bondades y cualidades éticas superiores de las mujeres que mandan. De ahí que me interese el estudio que ha realizado el Workplace Bullying Institute. No para defender tonterías de signo contrario sobre las mujeres.
Creo que lo del acoso preferente a otras mujeres tiene explicaciones coyunturales y no genéticas, sino para poner un punto de realismo y sensatez sobre las relaciones entre géneros. Y para constatar lo obvio, lo que vemos cada día en cualquiera de nuestros trabajos: una buena partida de cabrones que están equilibradamente repartidos entre ambos sexos.
P. D.: Según una definición de la Wayne State University, el “bullying” implica formas verbales o psicológicas de trato agresivo que persisten más de seis meses. Y según el Workplace Bullying Institute, un 37% de los trabajadores estadounidenses declara haber sido acosado.