Poco antes, los trámites de rigor: preparar comida para el regimiento que se montará en el coche; llenar la vaca con sombrilla, mesa plegable y demás bultos imprescindibles; organizar maletas para 30 días fuera de casa y armarse de paciencia antes de sufrir los inevitables atascos en un vehículo sin aire acondicionado y cargado hasta los topes. A última hora del 1 de agosto, la estampa de España ha cambiado por completo. Benidorm y la Costa de Sol reciben a los veraneantes y estos pueblos, desiertos durante el resto del año, acogen a los emigrados de las capitales de provincia dónde se cuelga el cartel de “cerrado por vacaciones”.
Eran los últimos coletazos de las vacaciones “made in Spain”, porque en pocos años pasaríamos del 600 a los vuelos chárter, de Benidorm a Cancún, de la casa del pueblo a resorts hoteleros, y de los huevos con chorizo al bufé libre. “El turismo de autoconsumo empezó a cambiar con la llegada de los 80, cuando comenzaron a despuntar los viajes organizados en autobús al extranjero”, explica Rafael Gallego, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Agencias de Viaje. “Con el abaratamiento de los vuelos, en los 90 se abrió el acceso para todos los españoles a un tipo de vacaciones que antes sólo disfrutaban unos pocos: el hotel ya no era un servicio de lujo, los precios bajaron en toda Europa y los españoles empezábamos a viajar en masa fuera de nuestro territorio”, asegura.
Sin embargo, los destinos y tipos de alojamiento no son lo único que ha cambiado en las vacaciones de los españoles durante los últimos 30 años. También nos hemos europeizado en otros aspectos. Es la conclusión de varias investigaciones realizadas por Violante Martínez, doctora en Sociología, profesora de Sociología del Turismo en la UNED y autora del libro “Multiculturalismo en las Sociedades del Ocio” (Edit. Ediasa, 38 e). “Ahora tenemos otros hábitos. Se ha reducido la duración de las vacaciones, espaciándolas, y ha habido un incremento en los viajes organizados de manera individual a través de internet, que permite el diseño de vacaciones a medida. Pero sobre todo, el turismo se ha popularizado”, explica.
No sin mis vacaciones
Pero que viajar sea un placer no significa que pueda equipararse a una afición prescindible. Es más, para muchos se encuentra en su lista de prioridades. “Como el resto de los europeos, hemos asumido que las vacaciones son un producto de primera necesidad, y como tal seguimos disfrutando de ellas aunque haya que escatimar gastos en otras cosas”, explica Gallego. Tanto es así que su previsión es que la caída en el sector turístico no superará el 6% este año.
Los españoles somos, después de los británicos, los europeos que más créditos pedimos para financiar nuestras vacaciones (un 3%, según el barómetro realizado el año pasado por Ipsos- Europ Assistance). Según Violante Martínez, además del descanso y del disfrute, una de las razones que aducimos para viajar durante nuestras vacaciones es “encontrarnos en un espacio extraño que no nos recuerde al trabajo. Por eso, cuanto más lejos vayamos, mejor”.
El placer de viajar
• Marta Fernández, 64 años, funcionaria: “Aprovechábamos los veranos para ver a la familia. Teníamos que pasar 15 días en Huelva y 15 en Asturias. Eso suponía cruzar España en un 850 lleno de niños y de bultos. Antes de eso, sólo había cogido el avión para ir a Canarias en la luna de miel y a Nueva York y Canadá, cuando aprobé la oposición. Ahora que ya todos en casa se han independizado, nos reunimos los seis en verano para hacer un viaje de una semana al destino que elijamos”.
• Eva Alcón, 25 años, empleada en una entidad bancaria: “Las vacaciones que mejor recuerdo son las de hace un par de años, cuando cogí por internet un billete de avión y el bono para hacer el Interrail por Alemania, Dinamarca, Holanda, Austria y Suiza junto a otros nueve amigos. La idea era ver países de una manera económica, distinta y divertida, y lo conseguimos. Fue una experiencia mejor que buena: cada día entablabas relación con personas nuevas en el metro, en el tren, por la ciudad preguntando a dónde ir, dónde comer… Al año siguiente fuimos a Londres y Praga, aunque en otro plan: nada de mochilas y algo más relajado. Volveremos a cogerlas cuando vayamos a la India, que será en cuanto podamos. Un amigo de Sri Lanka la conoce bien y ha prometido enseñárnosla”.
• Laura Barrios, 40 años, ingeniera industrial: “Mi primeras vacaciones fuera de España las pasé en Portugal, en un viaje organizado. Íbamos en un autobús del que prácticamente no nos bajábamos más que para dormir. Fue una auténtica paliza de la que incluso me traje una neumonía. Después, el grupo de amigos empezamos a viajar a otros países de Europa, pero por nuestra cuenta. Íbamos en tren o en coche, cargados de provisiones, porque era muy caro comer fuera –recuerdo que una amiga nos racionaba el chocolate- y dormíamos en albergues u hostales baratos. Pero desde finales de los 90 hasta ahora, cada verano lo destinamos a un gran viaje: Tailandia, Guatemala, Camboya, la Patagonia, Estados Unidos… Esta última época ha sido la que más he disfrutado. Mientras pueda, seguiré viajando a ese tipo de destinos”.
LOS NÚMEROS ESTIVALES
• Del total de viajes realizados en 2008, un 67% fueron domésticos y un 33% internacionales, según el estudio sobre los hábitos de turismo e internet realizado el año pasado por la web de viajes Easyviajar.com.
• Francia, Italia, Reino Unido y Estados Unidos son los destinos preferidos por los españoles.
• Las vacaciones románticas han dejado de estar de moda: ya sólo viajan con la pareja como único acompañante el 5% de los españoles.
• Según una encuesta encargada por Bancotel, la duración media de la estancia fuera de casa es de 12 días, durante los que gastamos alrededor de 840 € por persona.