Él es su ojito derecho; ella, la mujer perfecta. En las relaciones madre-hijo habrá momentos muy divertidos, etapas un poco más tensas, períodos de conexión absoluta y también años de desconcierto. Pero, aunque su relación pasa por muchas etapas, son uña y carne. Amor de madre y devoción de hijo: un binomio inquebrantable.
Por ellos se aprenden los nombres de la pandilla de Bob Esponja, las marcas de las zapatillas de moda, qué es un fuera de juego o cómo funciona la consola. Y también por ellos sufren noches en vela, se enfrentan a la extraterrestre adolescencia o hacen esfuerzos titánicos por comprender sus gustos. A pesar de eso, parece que estas mujeres tienen mucho que celebrar el domingo, Día de la Madre. Las encuestas afirman que, para el 94% de las españolas, ver crecer a los hijos es uno de los mayores placeres de la vida.
Un misterio, el de adorarlos a pesar de todo, que los psicólogos explican por el vínculo que se crea entre madres e hijos. Incluso dicen que ese lazo es más intenso que el que las mujeres desarrollan con sus hijas. ¿La razón? La psicóloga y psicoterapeuta familiar de CBP Psicólogos, Blanca Armijo, la encuentra en la diferencia de género. “Igual que las niñas tienden a compararse y también a competir con sus madres, los niños se comparan y compiten con sus padres. En esa relación puede haber identificación, pero también son rivales. Sin embargo, los hijos no rivalizan con sus madres, de ahí que pueda haber más conexión. Aunque cada caso es un mundo”, explica.
Sea o no más fuerte esa unión, lo que nadie niega es que la convivencia entre madres e hijos es una especie de montaña rusa que evoluciona con los años, pasando por distintas etapas. La primera es la de la dependencia absoluta, que se da en los primeros años del niño, cuando para él su madre es la mejor de todo el planeta. Después llega la de “ni contigo ni sin ti”, muy propia de la adolescencia. “En esos años, los hijos procuran introducir cierta distancia”, explica la psicóloga. “Es una época muy paradójica, porque el adolescente empieza a cuestionarse las normas familiares y, al mismo tiempo, necesita ese control materno. Busca una distancia afectiva que se contradice con la necesidad que sigue teniendo de la madre”.
Por último, llega la fase de las recompensas, aquélla en la que los hijos entran en la madurez y reconocen los esfuerzos de sus madres. “Suele ser un período de acercamiento muy grande, de comprensión. Incluso pueden recuperarse cuestiones de la relación que se habían dejado atrás, como pedir consejo”, afirma Armijo. Por eso, en las relaciones madre-hijo habrá momentos muy divertidos, etapas un poco más tensas, períodos de conexión absoluta y también años de desconcierto. Pero en todos los casos, ellos y ellas dicen adorarse a su manera. Amor de madre y devoción de hijo: un binomio inquebrantable.
LO QUE ELLOS DIJERON DE SUS MADRES
• Javier Bardem: “Mi madre es mi vida. Es una gran compañera para tener a mi lado, siempre me calma”.
• Antonio Banderas: “Quiero mucho a mi madre. Es la bomba”.
• Pedro Almodóvar: “Las madres no necesitan hacer nada especial para ser esenciales, importantes, inolvidables, didácticas. Las madres pisan siempre sobre seguro”.
• Fernando Alonso: “Cuando iba con mi madre al colegio, la retaba a echar carreras. Ella me dejaba ganar porque si no me enfadaba mucho”.
• Alejandro Dumas: “Una madre perdona siempre: ha venido al mundo para eso”.