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Carla Bruni en Madrid... o cómo la política se pintó de rosa

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Los tertulianos políticos de las mañanas radiofónicas no han dudado en tildarnos de “paletos” por girar la mirada, y los flashes, hacia Carla Bruni y prestarle durante las 30 horas de visita a España, incluso, más atención a cada uno de sus modelitos y movimientos que al verdadero motivo que la trajo a nuestro país: acompañar a su marido en la XXI cumbre bilateral con nuestro gobierno en la que se tratarán temas tan fundamentales como, por ejemplo, la lucha antiterrorista.

Efectivamente, puede que seamos un poco “paletos”, sensacionalistas o, simplemente, queramos buscar la cara B a la política, tiñéndola de rosa en cuanto podamos. Sea como fuere, lo cierto es que pocos han podido evitar comentar algo a cerca de la presencia de Bruni en nuestro país. Quién esté libre del “pecado”, que tire la primera piedra.

De blanco y negro a su llegada, la ex-modelo, cantante y ahora Primera Dama “fue infiel” por partida doble: en primer lugar, a su adorado Dior, al enfundarse un favorecedor, y entallado, dos piezas bicolor firmado por el tunecino Azzedine Alaïa; en segundo, porque en vez de lucir las bailarinas a las que nos tiene acostumbrados, se decantó por unos zapatos de medio tacón (o “kitten heel”, que dicen los ingleses) de Christian Louboutin.

Pero como toda buena dama, esta “italiana convertida en francesa -como bromeó Sarzkozy- que tan bien está representando a Francia en Madrid” volvió a sus costumbres a la hora del almuerzo. Es decir, volvió a vestir de Dior. El azul noche fue, en esta ocasión, el color elegido por Bruni en un discreto vestido de cuello a la caja de corte muy similar al de la Princesa de Asturias.

La esposa de Don Felipe no traicionó a Felipe Varela y, por tercera vez en un acto público, eligió un modelo de raso color grosella adornado con jaretas (quizá porque sabe cuánto le favorece) y lo lució sobre unos impresionantes tacones de plataforma en un tono más claro.

Pero el plato fuerte de la jornada llegaría con la nocturna recepción en el Palacio Real. Tras el almuerzo en la Zarzuela y la visita junto a los Reyes al Museo del Prado, Carla Bruni repitió modisto (Dior) y gama de color (azul profundo) en la cena de gala, pero en registros diferentes.

Sin abandonar la sobria elegancia a la que nos tiene acostumbrados desde que se convirtió en la Primera Dama francesa, la esposa de Sarzkozy eligió un modelo con silueta de sirena en terciopelo azul al que sumó puntos de atractivo con un impresionante escote que dejaba su espalda al descubierto. Como complementos, un espectacular brazalete de diamantes y algo que quizá sólo se le “perdone” a ella: bailarinas negras.

Por su parte, Doña Letizia cambió el grosella por el plata y a Varela por su otro “modisto de cabecera”, Lorenzo Caprile, que firmaba un espectacular vestido de raso con incrustaciones de pedrería en el bustier y la cola. Completaban el sofisticado estilismo de la Princesa una magnífica tiara, un brazalete y unos vertiginosos peep-toe a juego.

En su segundo día en Madrid, la agenda ofiacial ha llevado a Carla al Congreso, donde ha firmado en el libro de honor junto a su esposo, y, posteriormente y en compañía de la Reina Sofía y la Ministra de Cultura Ángeles gonzález-Sinde, al Museo de Arte Reina Sofía. Para la ocasión, Bruni ha decidido cambiar los vestidos y faldas por la rodilla a los que nos tiene acostumbrados por un sobrio traje de pantalón recto en color negro que encontaba su punto de color en un vivo crudo en la solapa de la chaqueta y en el puño de las mangas "tres cuartos".

Aunque muchos llevaban días intentando buscar enemistades hasta debajo de las piedras, parece que no son más que habladurías del papel couché y los diferentes encuentros que se han producido en el breve lapso que el matrimonio Sarzkozy ha estado en España han demostrado que entre Carla y Doña Letizia hay una gran complicidad. Y es que puede que “rivalicen” en belleza y elegancia pero, al término del "partido", no puede aparecer otra cosa que "tablas en el marcador".

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