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Susan Sarandon: “Envejecer no me asusta”

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La radiografía de la estrella empieza por los pies: zapatillas de deporte negras, pantalón oscuro, camiseta gris, cazadora de cuero, melena pelirroja y sonrisa. A Susan Sarandon no le hace falta el uniforme de actriz de servicio, vestido y tacones. Sus armas de mujer son otras y, a sus 63 años, es la prueba de que se puede ser sexy en Hollywood sin pisar un quirófano. Su secreto: “Esclavizo a una persona durante hora y media para maquillarme y peinarme. Y no fumo”.

Madre de tres hijos, acaba de anunciar el fin de su relación con el cineasta y actor Susan Sarandon: Puede ser muy catártico. De vez en cuando, es bueno recordar que tu tiempo es limitado. Cuando tienes un hijo, la muerte o la posibilidad de que alguien se lo lleve entran en tu vida. Aunque no puedes pensar mucho en ello. Te volverías loca.

MH: ¿Tiene su propia teoría sobre el más allá?

SS: Me considero espiritual, aunque no religiosa. Si has visto morir a un ser querido, te das cuenta de que lo que hacía que esa persona fuera así ya no está ahí. Creo en la ciencia, que dice que la energía no se destruye, se transforma. ¿Creo en Dios o en el cielo? Es más complicado. Si has tomado alucinógenos, sabes que nuestra mente no está abierta a todas sus posibilidades.

MH ¿Alguna vez ha vivido una experiencia paranormal?

SS: Sí. Siendo muy pequeña, en la cama, se me apareció una señora. Siempre he pensado que era mi abuela, desaparecida años antes. He sentido presencias extrañas y he estado en casas en las que pasaban cosas. Creo en esas energías. Especialmente si hay una muerte violenta, los espíritus tienen problemas para aceptarlo.

MH: Los 70 son el escenario de la película. ¿Cómo los recuerda?

SS: Supongo que fueron sexo, drogas y rock and roll (risas). Fue una época muy inspiradora, anterior a que la América corporativa dominara los medios. Era normal ser joven e idealista. Y cuando la guerra de Vietnam terminó, dijimos: ¡Ha funcionado! Puede que las flores y quitarse el sujetador fuera naif, pero mis hijos lo envidian. Aunque me haga parecer vieja, me encanta haber formado parte de aquella época.

• MH: ¿La edad vence las inseguridades?

SS: Aún las tengo. A veces, desearía tener 10 años menos, pero no 30. Aunque, ante el espejo, me lamente de lo que hace la gravedad. Pero estoy en un momento tan dulce que no lo cambiaría. Envejecer no me asusta, sólo aspiro a ser una versión elegante de mi edad. Nunca ha pasado por quirófano.

MH: ¿Qué piensa de la obsesión por la perfección que impera en Hollywood?

SS: Cada uno debe hacer lo que quiera con su cuerpo, pero hay gente con muy mal gusto. Es como si sus rostros manifestasen su miedo. En Nueva York puedes salir a la calle sin maquillaje. En Los Ángeles hay tanta gente de la industria mirando que parece que, si vas al supermercado sin pintar, pierdes trabajo. Es una trampa difícil de evitar. Si estás en paro, sin hobbies y con hijos ya mayores, en algo tienes que invertir tu tiempo. Quizá yo sea mejor negando la evidencia (risas).

• MH: ¿Es su edad un problema a la hora de conseguir buenos papeles?

SS: Para las mujeres, en general, es difícil; y para las mayores, aún más. Las mujeres de mi edad son las que más van al cine, pero parece que quienes dan luz verde a los guiones tienen prejuicios para filmar con personas de cierta edad.

MH: ¿Qué le llena más, el cine o su activismo social y político?

SS: En el cine aprendo mucho, pero el voluntariado me da esperanza, sobre todo las mujeres del comedor social con el que trabajo. Hay tantas cosas que van mal en el mundo que no conocer a los que intentan cambiarlo me deprimiría mucho. Me han salvado la vida.

MH: La llamaron antiamericana por criticar la guerra de Irak.

SS: Duele mucho y da miedo; es la antítesis de lo que debería ser la democracia. Mis hijos me dijeron: Mamá, no digas nada más. Tenemos miedo de que te pase algo. Entonces piensas: ¿cómo hemos llegado a esto? El 11-S fue un golpe terrible. Y todo fue mal porque Bush se aprovechó del miedo colectivo.

 MH: Apoyó a Obama en su campaña, pero dice que le ha decepcionado.

SS: Aún creo que representa la esperanza, pero ha mandado más tropas a Afganistán y la guerra no consigue nada. Al menos ha dado un gran paso al decir que hablará con países con los que no estamos de acuerdo. Le aplaudo por eso.

MH: No le gusta que le etiqueten de feminista. ¿Por qué?

SS: No soy feminista, soy humanista. Muchas mujeres que se dicen feministas no tienen sentido del humor y eso les da mala reputación. Mi hija dice que son estiradas que odian a los hombres. Han abanderado la lucha por la igualdad, pero no puedes aborrecer a los hombres; son la mitad del mundo y les necesitamos.

MH: Dice que su casa es un paraíso doméstico. ¿Es difícil sacarla de allí?

SS: Tienen que ofrecerme un papel muy bueno. Mi hijo menor se independiza este año y seré más aventurera. Pero fui muy feliz estando con mis hijos cuando eran pequeños. Son muy estables y creo que es porque he pasado mucho tiempo con ellos.

MH: Tomó alucinógenos de joven. ¿Cómo habla a sus hijos de drogas?

SS: Les digo que algunas te pueden matar, otras son muy divertidas, todas son ilegales y la mayoría pueden influir en tu vida. La clave es la información. La política sobre drogas es ridícula. Si eres adulto, deberías poder tomar la que elijas, sea café, chocolate o marihuana. Al menos, la marihuana debería ser legal.

MH: Su hija Eva es actriz. ¿Qué consejos le ha dado?

SS: Los niños privilegiados pueden crecer sin pasión por nada, así que encanta que haga algo que le gusta. Pero no he tenido que ayudarla mucho. A los 17 años me prohibió que la acompañara a los rodajes. Sólo le dije: "Llámame cuando me necesites".
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