(crónica) Egipto aprende flamenco de la mano de una puertorriqueña

EFE

En la capital de la danza del vientre, una joven puertorriqueña se ha propuesto enseñar a bailar a egipcias y extranjeras, pero no salsa, sino flamenco, y pertrechada con sus tacones de gitana les hace moverse a ritmo de bulerías, tangos y soleás. Se llama Dalia Ferrer, y le augura un futuro prometedor al baile español en El Cairo porque "el flamenco gusta mucho aquí y siempre que hay algún espectáculo las entradas están agotadas". Aunque enseguida matiza que mientras la percusión y la guitarra lo tienen más fácil, la danza es más complicada "por cuestiones sociales". "Las egipcias son un poco más tímidas (que las extranjeras) -explica Ferrer. En el flamenco tienes que ponerte fuerte y demostrar algo interior y aquí se tiende a reservar lo que llevas por dentro". Con sus zapatos "de gitana", hechos a medida por un zapatero egipcio, Ferrer ensaya unos tangos para la clase que imparte a extranjeras, normalmente esposas de expatriados, en un centro cultural en uno de los barrios acomodados de El Cairo. Acto seguido llegan dos de sus alumnas: una chilena enamorada del flamenco y una española de Madrid, pero con familia en Málaga. Taconeo, palmas, giro de muñecas y mucho do de pecho comienzan a animar la clase, que se transforma en una juerga flamenca. Pacientemente, Ferrer, quien confiesa que trata de ir a Sevilla varias veces al año para seguir con su formación, repite los pasos para que sus alumnas los aprendan. La puertorriqueña señala que en la clase ya ha impartido los pasos de las sevillanas y que ahora está enseñando tangos flamencos. Oriunda de Bayamón (Puerto Rico), Ferrer cuenta, entre risas, que su interés por el flamenco despertó después de que durante un viaje a España sus padres le compraran una muñeca, vestida de sevillana. Aquella muñeca de pelo negro y peineta, con traje de faralaes y castañuelas, subyugó a la jovencita, que nunca había mostrado el menor interés por la danza y apenas sabe bailar salsa. Ahora se encuentra en Egipto por su fascinación por el país árabe: "Decidí que antes de morir quería venir a Egipto y ver los templos y las Pirámides", recuerda Ferrer, quien confiesa que por fin ha cumplido su sueño de ver las Pirámides, al cabo de un año de estancia, porque no ha parado de trabajar. Para Ferrer, la danza del vientre y el flamenco son dos bailes muy cercanos, pero también hay diferencias que los separan. "En ambos hay mucha interacción entre el abdomen y el resto del cuerpo, pero en el flamenco se mantiene rígido, mientras que en la danza del vientre no", explica la bailaora, quien añade que con los brazos pasa lo mismo. Admiradora de la familia de los Farrucos y de la bailaora española Mercedes Ruiz, la puertorriqueña aspira a crear una peña flamenca en El Cairo, "para poder compartir con alguien este baile". Ferrer cree que es la única que da clases de flamenco y piensa quedarse por algún tiempo más en la capital egipcia y compartir con más gente todo su arte. De esta forma, los amantes del flamenco podrán seguir aprendiendo los entresijos de este baile en la capital egipcia, donde, a pesar de su escasez, los espectáculos de cante jondo y la danza gitana despiertan un gran interés.

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