Ken Follett argumenta que "el libro se percibe con buena relación entre su valor y su precio, es una forma relativamente barata de entretenimiento, te mantendrá ocupado muchas tardes y cuesta mucho menos que ir a un restaurante, o, si vives en Inglaterra, que pasar la tarde en un pub".
Elñ exitoso escritor galés visita estos días la XXII Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara (oeste de México), la mayor cita editorial del mundo hispano, para promocionar "Un mundo sin fin", continuación de "Los pilares de la tierra". "Veremos seguramente el próximo año una bajada de las ventas de libros, después de Navidad, pero con un poco de suerte no será muy seria", dice Follet, aunque reconoce que la crisis tiene ya cierto efecto en las librerías.
No así sus libros, como quedó en evidencia con "Un mundo sin fin", que desde que salió a la venta a finales de 2007 ha vendido cinco millones de ejemplares en todo el mundo. Solamente en España, y en los seis primeros meses desde su puesta a la venta se vendieron un millón y medio de copias. La tirada inicial de 525.000 copias se agotó en pocos días. "Es mi libro más exitoso, por un amplio margen, porque la gente lo estaba esperando", revela un jovial Follett. "Mi miedo era que los lectores pensaran que no estaba a la altura de “Los pilares de la tierra”, pero no fue así", bromea el galés con un suspiro de alivio.
Follett se reafirma en su idea de buscar una tercera parte de la saga que ha enganchado a millones en todo el mundo. "No sé sobre qué trataría, o en que período se desarrollaría, pero estoy seguro de que volveré a Kingsbridge (lugar de la acción). Disfruto enormemente al escribir sobre la Edad Media", dice. Ahora está ocupado con "Fall of Giants", la novela que espera publicar en un par de años, sobre el devenir de tres familias durante la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa. "
No soy un escritor profundo, no soy una persona profunda, mis libros no son el resultado de un pensamiento profundo, y no es algo en lo que esté interesado, realmente", dice, respetuoso y algo indiferente a las críticas de los que lo tildan de mero escritor de "best-sellers". "Si la gente piensa que mis libros son sólo para leerlos en el tren, sólo entretenimiento, no me importa. Tampoco creo que lo hagan, algunos pueden decir que no es gran literatura, pero aprenden de ellos, describen una sociedad, doy una fotografía precisa de lo que era la Edad Media", arguya sonriente.
El escritor considera que los libros que buscan entretener, si están bien hechos, pueden alcanzar también el estatus de obra maestra. "“El código Da Vinci”, por ejemplo, es brillante, te atrapa, la historia gira sin cesar. Cuando lo lees, no te preguntas acerca de si realmente Jesucristo tuvo hijos o no, compras la historia, te la crees. Creo que sólo hay dos o tres libros de esa clase", opina.
Follett también defiende la gran extensión de sus libros: por un lado, porque describir los cambios que sufre una sociedad medieval con el tiempo toma su espacio, y por otro, "porque a la gente le gusta, lo disfruta y no quiere que acabe". El autor tuvo ya su primer contacto con la concurrida FIL -que el año pasado acogió a más de 560.000 visitantes- en "una atmósfera agradable, con mucha gente joven y niños, muy colorida, muy movida", considera.
Entre sus escritores iberoamericanos preferidos, el autor se refirió con pasión al Nobel colombiano Gabriel García Márquez, al peruano Mario Vargas Llosa, al brasileño Jorge Amado y al mexicano Carlos Fuentes. Este ultimo es el gran homenajeado de la FIL, con diversos actos a lo largo de la programación del evento, que comenzó el 29 de noviembre y acabará el próximo día 7.