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Jon Kortajarena: “Me cabrea que ellas cobren más”

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Tras desfilar en NY, París o Milán, aquí Jon se siente como en casa. “Yo siempre me he sentido bienvenido en Cibeles, me tratan estupendamente. En Madrid me encuentro bien”, asegura el joven modelo vasco, quien dice aprovechar sus ratos libres para “ir al centro a ver algún mercadillo” o “descansar en el hotel”.

Faltan veinte minutos para que empiece el desfile de Antonio Miró y Jon espera relajado su turno en la sala de peluquería y maquillaje. Su look de calle es de lo más informal -viste vaqueros y deportivas de cordones, de las de correr- y su rostro es adornado por los hoyuelos que acompañan su sonrisa. Sentado frente al espejo, Jon devora una pera. “Hay que coger fuerzas”, matiza. Aunque a simple vista no lo parece, Jon asegura ser un chico tímido. “Soy bastante tímido en general. Cuando no conozco a alguien intento ser prudente”, afirma el bilbaíno, que no deja de saludar a unos y otros mientras la peluquera intenta domar su cabello. Una vez acabado con la fruta, Jon se pone a fumar con un ojo siempre pendiente del móvil.

Con sus compañeros tiene muy buen rollo. “Como coincidimos tanto, al final te acabas haciendo amigo. A veces nos cruzamos en el backstage, en pleno desfile, y nos ponemos caras para hacernos reír”, confiesa Jon, quien tiene en la modelo Laura Sánchez a una gran compañera de juegos. Pero su mayor confidente –“mi mejor amiga”- es Natalia López, quien aparece al minuto tras haber participado en el emotivo homenaje a Elio Berhanyer. “¿Me has visto, Jon? Buf, qué nerviosa estaba… Nada más salir me he pisado el vestido”, comenta ella. “¡Pero si has estado estupenda! ¿Sabes que ahora salgo en pelotillas? Tienes que quedarte a verme”, le espeta Jon a su amiga.

Pese a que son ellas quienes suelen acaparar la atención de los focos, el modelo vasco asegura que ellos se sienten igualmente valorados. “El trato es el mismo. Yo me siento muy querido aunque no sea chica”, comenta divertido Jon, quien tras pensárselo un poquito añade un “pero” a la reflexión. “A mí lo único que me cabrea es que ellas tengan un suelto más alto que nosotros aun teniendo el mismo currículum”, afirma medio en broma, medio en serio. Aún así, Jon reconoce que ellos lo tienen más fácil que las chicas porque ellos no tienen que desfilar sobre tacones. Pero advierte: “Cuando una pasarela resbala, resbala para todos”. ¿Y qué hay del miedo escénico? Jon sabe que cerca de mil personas vigilan sus pasos sobre la pasarela. Cada movimiento de cadera, cada gesto, cada pestañear… Pero a él eso le da igual. “No me importa nada. No suelo pensar en nada; siquiera pienso en que estoy siendo observado. La verdad es que al salir sólo ves oscuridad”, aclara el top, al tiempo que asegura no sentirse modelo de nadie. “Intento hacer mi trabajo de la mejor forma posible. Sólo trato de esforzarme por hacerlo bien, pero nada más. No me siento modelo de nadie, hago mi trabajo y ya está”, apunta el modelo vasco minutos antes de desfilar.

Llega el momento de entrar en acción y la sorpresa de la que hablaba Jon a su amiga Natalia se desvela nada más empezar el desfile de Antonio Miró. Junto a otros dos compañeros, sale Jon enseñando sus paños menores. Toca vestirse delante de la cámara, delante de todas las miradas, pero él permanece impasible. El gesto serio no varía nunca, ni siquiera cuando vuelve a salir cerrando el desfile. Esta vez Jon viste traje negro, camisa blanca y corbata. En mitad del paseo se para y se quita la americana, luego la camisa, el pantalón… desatando la euforia entre el público –en su mayoría, mujeres-, que le vitorea. Jon no cambia el gesto. Ellas le piden “más” a gritos, pero él, profesional, se deja el mono de trabajo puesto.

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