George Orwell decía que “en época de mentiras, contar la verdad se convierte en un acto revolucionario”. Aunque lo cierto es que el idilio entre Nicolas Sarkozy y Carla Bruni sorprendió por lo increíble que a toda luces resultaba. La modelo y cantante, que en 1996 aparecía desnuda en una revista y se declaraba “un animal sexual en estado puro”, conquistó en un par de meses (se conocieron en noviembre) el corazón del presidente de la República, como en su día los de Eric Clapton, Mick Jagger o Donald Trump.
Él lo advirtió en rueda de prensa el 8 de enero: “Es muy posible que los medios de comunicación se enteren de mi boda después de que haya tenido lugar”. Así ha sido: el 10 de enero, en una ceremonia íntima en el palacio del Elíseo.
“No me extraña –comentaba en una cena una conocida diputada española, el día que se disolvieron las Cortes–. Es un seductor nato, a mí “me pone”. No va a caer en la hipocresía de mantener un idilio en secreto. Va con la verdad por delante y los tiene bien puestos, por eso resulta atractivo”.
EL GRAN SEDUCTOR
Desde que en diciembre se conociera la relación, muchas son las conversaciones que ha protagonizado el supuesto encanto de este “pequeño Napoleón siempre apresurado… que cojea al andar; que, a veces, se comporta como un niño de ocho años y que es, a la vez, insoportable y estremecedor”, según Yasmina Reza, la famosa escritora francesa que lo acompañó durante la campaña electoral. “Su audacia es impresionante y tiene una intuición fuera de lo común. Es un gran actor y quería seducir a Francia”, dice Reza en su libro “El alba, la tarde y la noche”. Y, en una posterior entrevista, tras conocerse su idilio con Carla, advirtió: “Necesitaba mostrar que era capaz de seducir y que no respondía al patrón de un hombre que había reconquistado a su mujer y después la había perdido”.
LAS MUJERES OPINAN
Teresa Viejo, periodista y escritora: “Confieso reconocer en él cierto atractivo. No es un hombre guapo, pero tiene encanto. Para seducir maneja el ejercicio del poder, que él se encarga de subrayar. Pero se nota en sus discursos, por su manera de mover las manos, de gesticular y por el tono de voz que es un gran seductor. Tiene facilidad para transparentarse en lo más íntimo, en una pasión, y eso a todas las mujeres nos encanta. Es un gran valor que alguien demuestre que puede perder la cabeza por amor”.
Almudena de Arteaga, escritora: “A mí sí me gusta Sarkozy y me encantaría conocerlo. Reconozco que muchas sentimos cierto morbo al ver que se lleva a unas señoras estupendas. Es un político fantástico y quiero saber qué hay detrás, qué es lo que no nos enseñan las cámaras. Físicamente creo que pasaría desapercibido por la calle; su encanto está en mostrarse diferente. Su éxito con las mujeres radica en la erótica del poder. En el terreno político, toma decisiones y ése es su sex appeal”.
Rosa Belmonte, columnista de ABC: “Aunque al principio me costaba diferenciarlo de Aznar (con las Ray Ban parece el que iba disfrazado de policía en Village People), creo entender por qué el actual mini hombre de Carla Bruni resulta atractivo: porque es presidente; porque sigue la tradición de los resultones feos franceses (Belmondo, Depardieu...); porque rescata azafatas (tiene su escena de aeropuerto, como Bogart en “Casablanca”). Y por rematadamente chulo”.
Marta Robles, periodista y escritora: “Independientemente de que este señor sea un megalómano, es fascinante la capacidad que tiene de hacer creer a los demás todo lo que quiere. Yo me he quedado impactada cuando he escuchado sus discursos. Lo que realmente tiene es un pico de oro y creo que se gana a las mujeres contándoles historias, cuanto más divertidas, mejor. Debe de ser muy inteligente y da la sensación de que se tiene a sí mismo en muy alta estima. Tiene aspecto de ser muy atento”.
Paola Dominguín, actriz: “Su éxito repentino se debe a que ha sabido jugar muy bien sus bazas. Ha usado las estrategias adecuadas para vender una imagen concreta y ha utilizado muy bien a los medios de comunicación, que en el fondo son los responsables de su éxito. Tonto no creo que sea, pero se aleja mucho de su responsabilidad y me parece muy frívolo para ser el presidente de Francia. Es un ejemplo terrible de prepotencia y de chulería que no me atrae en absoluto”.
Ouka Leele, pintora y fotógrafa: “Me recuerda a Jean Paul Belmondo, aunque no sé muy bien por qué. La atracción que ejerce sobre ciertas mujeres tiene mucho que ver con el poder. A mí me han contado que ya conocía a Carla Bruni desde hace años y que ha sabido manejar muy bien los tiempos a la hora de sacar las cosas a la luz cuando más le ha interesado. También creo que ha utilizado a Carla para que vean que tiene una mujer importante o famosa a su lado. Parece que no se conforma con ser presidente”.
Elvira Lindo, escritora: “A mí no me seduce ni me encanta. Comprendo que las personalidades fuertes son atractivas. Un político que no toma decisiones rápidas, que duda, que no trasmite seguridad… no es precisamente un personaje admirado. En ese sentido, he de admitir que, aun sin comulgar con él, Sarkozy tiene una personalidad fuerte, sanguínea, y quizá por eso despierte cierto entusiasmo, pese a que a mí me parece que hace una ostentación tremenda e impúdica de su poder”.
LO QUE NOS ATRAE
Hay quien dice que sólo le faltan 20 cm más de estatura para ser la pareja perfecta: perseverante –en política ha conocido el infierno antes de llegar al paraíso–, resolutivo, patriarca, seductor, amante de las mujeres, con ese encanto de atractivos bajitos como Al Pacino o Dustin Hoffman... Que lo abandonara su mujer tras llegar al poder ha despertado sentimientos de protección. Pero, en una pirueta mediática, ha ido con la verdad por delante, se ha puesto por montera al “establishment” político y se ha casado.
LO QUE NOS INQUIETA
Con el permanente espacio en los medios que le asegura su nueva esposa y a la espera de comprobar si políticamente resuelve tanto como promete, la persona que más cerca ha tenido siempre, su ex mujer Cécilia, es la fuente más directa para descubrir quién es realmente Nicolas Sarkozy. Aunque ella no se pronuncia al respecto, en el polémico libro “Cécilia: un retrato”, la periodista Anne Biton le atribuye afirmaciones en las que tilda a su ex marido de “avaro”, “mujeriego” y “un hombre que no ama a nadie, ni siquiera a sus hijos”.