- 250 g de salmón fresco
- 8 yemas de espárragos blancos
- Un limón / Eneldo
- Una endivia
- 100 g de queso de roquefort
- 4 cucharadas de nata líquida
- 6 dátiles / Un calabacín grande
- 250 g de besamel espesa
- 8 langostinos cocidos y pelados
- Aceite de oliva virgen
Compra un trozo de la parte central del salmón. Pide que eliminen la piel y la espina central. Limpia en casa las espinas laterales. Envuelve los dos lomos juntos con papel film, y congélalos durante una hora.
Bate el queso de roquefort con la nata líquida. Deshuesa los dátiles, pícalos en trocitos muy pequeños y añádelos a la crema de roquefort.
Deshoja la endivia. Lava y seca bien cada hoja. Rellena cada una con la crema de roquefort y dátiles. Colócalas en la fuente de servir. Saca el salmón del congelador, quita el papel y, con un cuchillo muy afilado o con el cuchillo eléctrico, corta lonchitas muy finas y alargadas y colócalas extendidas en una fuente. Rocíalo todo con el zumo del limón y deja que se marine durante media hora.
Sazona el salmón con sal por los dos lados y rocíalo con tres cucharadas de aceite de oliva virgen. Deja así 15 minutos más. Escurre las puntas de espárragos de su agua de conserva, envuélvelas con las lonchas de salmón y coloca los rollitos en la fuente de servir. Espolvoréalos con eneldo. Lava el calabacín muy bien y sécalo. Saca de la parte central, y a lo largo, ocho lonchas finas y córtalas por la mitad.
En una sartén antiadherente vierte una cucharada de aceite y caliéntalo a fuego vivo. Ve haciendo a la plancha las lonchas de calabacín hasta que queden doradas, sazonándolas a medida que se vayan haciendo. Pon la mitad de ellas en una fuente y, encima, distribuye la besamel espesa, un langostino y cúbrelo con otra loncha de calabacín.