Ingredientes:
- 4 kg de fresas bien maduras
- Agua
- Azúcar
- Colorante rojo
Preparación
Lava las fresas bajo el chorro de agua fría y, a continuación, sumérgelas en un recipiente con abundante agua fría durante cinco minutos, para eliminar todos los pelillos que cubren su superficie.
Escurre bien las fresas y retira los tallos verdes, arrancándolos con mucho cuidado. En una cazuela, pon a cocer dos litros y medio de agua con 750 g de azúcar y 1,25 g de colorante rojo vegetal.
Cuando rompa el hervor, contabiliza dos minutos y ve añadiendo las fresas a la cazuela poco a poco. Cuando se recupere el hervor del almíbar, cuenta tres minutos más.
Después, apaga el fuego y retira la cazuela. Una vez que el almíbar y las fresas se enfríen, cubre la cazuela con dos paños limpios de cocina y déjala en un lugar fresco durante dos días para que las fresas se maceren perfectamente.
Cuando hayan pasado esos dos días, escurre
las fresas y desecha el almíbar de la maceración. Colócalas en un escurreverduras y sumérgelo en agua fría durante un minuto. Después, saca el escurreverduras y pasa las fresas a un recipiente amplio.
A continuación, comienza a llenar los frascos de cristal, previamente esterilizados, con las fresas, dejando un centímetro de margen hasta la boca del mismo.
Una vez llenos todos los botes con las fresas, cuece a fuego vivo durante diez minutos dos litros de agua con 800 gramos de azúcar. A continuación, rellena los frascos con este almíbar hirviendo. Precaliéntalos, sin cerrarlos, durante dos minutos con el agua a punto de hervir (80oC) y después, ciérralos y esterilízalos en la olla a presión con medio litro de agua durante 30 minutos.
Por último, enfría los tarros sumergiéndolos primero en agua templada durante cinco minutos y luego en agua fría.