- PARA 4 PERSONAS
- 1 pollo cortado en trozos
- 1 cebolla grande
- 1 diente de ajo
- 2 huevos
- 12 almendras crudas
- 1 vasito de vino blanco seco
- Harina
- Aceite de oliva
- Sal
1. Cuece el caparazón y las alas del pollo, durante 15 minutos, en una cazuela con un litro y medio de agua. Reserva. En otro cazo, pon a cocer los huevos en agua durante 10 minutos. Sazona con sal los trozos de pollo, pásalos por harina y fríelos hasta que se doren. Pásalos a una cazuela amplia.
2. Elimina el aceite de freír el pollo, a excepción de dos cucharadas, y añade la cebolla muy picadita, sal y el diente de ajo. Sofríe durante 15 minutos a fuego suave. Retira el diente de ajo, ponlo en un mortero y vuelca la cebolla sobre el pollo. Cubre con caldo de pollo y agrega el vino blanco. Rectifica el punto de sal y tapa la cazuela.
3. Deja que cueza durante 45 minutos y remueve el guiso de vez en cuando, para evitar que se pegue el pollo. Pela los huevos y echa las yemas en el mortero. Pica las claras y resérvalas. Machaca las yemas con el ajo, incorpora las almendras y una pizca de sal.
4. Machaca los ingredientes del mortero y haz la pasta. Añade caldo y, cuando el pollo esté tierno, añade el majado y las claras de huevo. Deja el fuego hasta que la salsa se trabe.
120 minutos