Breve historia de María

Por nuestra usuaria Virginia Berra

Breve historia de María

María dejó las bolsas de la compra sobre la encimera de la cocina y comenzó a decidir mentalmente cómo distribuiría su contenido. Aunque este hecho se repetía cuatro veces por semana y tenía un marcado carácter mecánico, su ‘profesionalidad’ le empujaba a cuestionarse la metodología de trabajo empleada

Muchas veces había descubierto alguna nueva estrategia que simplificaba su tarea. Hoy, por ejemplo, pensó colocar la caja de galletas verticalmente, con ello ahorraba espacio, podía asirla más fácilmente y vaciar su contenido con mayor celeridad.

Mientras vaciaba las bolsas, sus hijos -que habían llegado con ella y notado la falta de supervisión cercana - estaban enzarzados en una pelea. El motivo era la posesión del mando de la tele. Sobre el sillón se revolvían dos cuerpos aún con los abrigos y zapatos puestos.

En los tiempos en que María era niña esto no ocurría. Existía una mayor disciplina y los pequeños temían sobremanera la reacción de los adultos. Sin embargo, María intuye que el autoritarismo en la ‘dirección de personal’ ha quedado obsoleto y que las nuevas tendencias aconsejan un estilo asertivo y participativo.

El líder ya no ordena sino que debe principalmente alentar y guiar. Por ello, reprimiendo un feroz grito y dos amenazas, María sopesa la situación y decide que tendrá que actuar en dos direcciones: por un lado, dirigir a sus hijos hacia el objetivo (quitarse la ropa, ducharse y ponerse el pijama) y, por otro, resolver el conflicto surgido entre ellos.

Decide comenzar por este último e intuye que debe centrar su intervención en cinco puntos:

-¡¿Qué pasa aquí?! (exposición de discrepancias); ¿por qué os peleáis? (concienciación del conflicto); ¿qué quieres tú Jaime?¿ y tú María? (clarificación de divergencias); ¿Qué vais a hacer para no pelearos más? (acuerdo común); ¿Estáis de acuerdo en esto, no? (resolución final).

Una vez resuelto el conflicto, debe pasar al otro punto: conseguir que en 40 minutos estén preparados para cenar. Piensa rápidamente como incitarles para que cumplan con el objetivo y decide prometerles un helado de fresa en la cena.

María intuye que la clave del comportamiento se basa en la motivación y entiende que no hay nada que motive más que la promesa de una recompensa muy deseada e inmediata.

Son las 9 de la noche, los niños ¡por fin! están plácidamente dormidos y María se presta a preparar la cena de ella y su marido.

¿Qué cenamos hoy?. Mientras se hace esta pregunta intuye que debe analizar todas las variables que afectan a la “producción” culinaria: qué ingredientes voy a usar (inversión necesaria), no quiero gastar mucho, es fin de mes (coste final del producto), que salga sabroso y que no sea demasiado pesado (calidad y prestaciones del producto), que no me lleve mucho tiempo (tiempo de desarrollo).

Por fin decide hacer patatas con guisantes. Lo prueba y está contenta con el resultado aunque piensa que seguirá intentando crear un producto técnicamente superior, con un menor coste en materia prima y una inversión de tiempo más reducida.

Su marido ha llegado a casa. Eleva un tenue hola y comienza a descalzarse con aire cansino y mirada perdida. Al cabo de un rato se sienta ante la cena y María comienza el ritual de preguntas que les acompañan cada noche. Siempre son las mismas pero actúan como un bálsamo regenerador para ambos.

A Pedro le sirven para desahogarse de su dura jornada laboral donde sólo encuentra problemas e ingratitud y a María le sirven para confirmar la admiración que siente por su marido oyéndole hablar de clientes, cifras y reuniones.
 
-"Hoy me ha llamado un proveedor, el muy cabrón pretendía alargarme el plazo de entrega y me sugería que hiciera una rebaja al cliente jugando con mi margen de ventas".

-"¿Qué es eso de margen de ventas?"

-"Bueno…, va a ser complicado que lo entiendas…, tú quédate con lo importante…, ¡que el tío es un cabrón!"

La conversación dura aproximadamente media hora. Pedro habla y habla y María escucha. Ya en la cama, y cuando oye la respiración profunda de Pedro a su lado, María se siente pequeña, ignorante e inútil. ¡Qué cosas tan importantes hacían otros! ¡Cuánto sabían!. Y siempre acaba durmiéndose con una inquietante sensación de vacío y tristeza, observando cómo la luz de la calle siempre, siempre… brilla más que la de su casa.

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