Vivir Hoy

Mujer desolada

  • Su vida parecía que no valía nada, se sentía rebelde a los 74 años porque no sabía que es lo que quería. Tuvo niñez marcada por la guerra pero, sin grandes bajones humanitarios.

Me explico: Oyó las bombas, se escondía debajo de las camas cuando oían los aviones, uno de sus hermanos estuvo a punto de ser alcanzado por una bala, pero no pasó hambre.

Vivía en una casa en la que no faltaba de nada. Se casó, y quizás se considere que fue feliz en su matrimonio, pero no lo sabe expresar. Pasó de una casa en la que tenía de todo a otra que no tenía nada. Pero fue feliz. Tuvo hijos y se encontró sola con ellos cuando su marido se fue al extranjero. A trabajar.

Cuando éste volvió, después de la soledad que había sufrido, en su pueblo, llevar un negocio que cerró, ayudar en el campo a sus suegros, ir a lavar al arroyo, tapar los agujeros que hacían los ratones debajo de las camas de sus hijos, salir corriendo a casa de sus padres con sus hijos de la mano cada vez que había una gran tormenta por si se caía el techo de su casa, se la llevó a Madrid, a dejar de pasar penurias

Un piso nuevo y muchas letras que pagar, noches enteras cosiendo para talleres, cobrando una miseria, pero ahí estaba, dándole al pedal de la máquina de coser. Se terminaron las letras y se le murió el marido. Cuatro hijos y sola. Nuevamente sola, esta vez, con el agravante de que sería para siempre.

Luchó e hizo luchar a sus hijos y cuando ya en su jubilación cree empezar a vivir porque el IMSERSO le da viajes muy baratos, se le acrecienta su enfermedad de diabetes, artrosis, obligada a ir con bastón… con mucha compañía, pero sola. Sin haber disfrutado realmente de su vida ni en su totalidad de la de su familia, pero con el convencimiento de que todo lo ha hecho bien. Solo le falta vivirla. Vivir para sí, y casi no le queda tiempo.

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