María García Peche
Hace poco coincidí con un amigo de estudios (ambos licenciados en Derecho) y me presentó a su sobrino, un joven de diecisiete años normal, con los intereses, gustos e ideas propios de su edad y de su entorno, hablé con él unos minutos y en ese tiempo me sorprendió lo poco que conoce del mundo que le rodea, del mundo inmediato y directo que le rodea.
Me explicó que dentro de apenas unos meses tendrá la edad legal para votar y sus conocimientos sobre nuestro sistema democrático son casi nulos, su conocimiento sobre las instituciones que nos representan dentro y fuera de España son del todo nimios o inexistentes y en muchos casos, equivocados, hasta el extremo de no saber con absoluta seguridad que la norma suprema de nuestro Derecho es la Constitución de 1978.
No hablo de un joven inculto, falto de interés por los estudios o por los libros, sino de un joven en todo punto normal, con sus estudios al día, al que asombrosamente le gusta leer, que maneja con soltura las nuevas tecnologías y que pretende acceder a la universidad en unos meses, es decir, un español medio más.
Sé que el sistema educativo español, y más concretamente el andaluz (en esto me remito a los informes que la prensa ha divulgado sobre la posición que los andaluces ocupamos en nivel cultural y educativo en Europa) lo que menos necesita es que se añadan nuevas asignaturas al programa establecido.
Dios nos libre de quitar a los jóvenes asignaturas tan trascendentes como educación para la ciudadanía o de clases tan importantes para su desarrollo intelectual como aquellas en las que te da una lección magistral sobre lo que es la Alianza de Civilizaciones, pero, ¿no podría incluirse a lo largo del curso una sesión (no creo que una o dos horas que se le quite a una asignatura en todo un año académico sea una barbaridad) en la que los jóvenes de entre 15 y 17 años reciban unas nociones básicas de nuestra Constitución, del sistema legislativo, judicial y ejecutivo aunque sólo sea para que al entrar en el mundo académico primero y laboral después sepan a lo que atenerse.
Somos muchos los licenciados en Derecho a los que nos encantaría impartir pequeñas sesiones a los jóvenes de nuestras escuelas y transmitirles algunos de esos conocimientos básicos que ya en primero de carrera nos transmitieron y que con los años acabas valorando como algo más que simples materias de exámenes o teorías que te estudias con el propósito de sacar un título académico, son instrumentos útiles hoy en día para casi todo, no solo para servirte de cuantos medios hay a nuestro alcance para mejorar nuestra vida sino también, en muchos casos, para defenderte y defender tus derechos, ideas e intereses frente a los demás y frente a la propia administración.
Quienes lean estas líneas pensarán que soy una apasionada de Derecho (que lo soy) y que doy demasiada importancia a una materia porque es a ella a la que me dedico, pero no es eso.
Si ya me parece increíble que como usuario no conozcas tus derechos básicos porque en ningún sitio te los enseñan a no ser que estudies la carrera de Derecho, más increíble me parece que los jóvenes de nuestro país no conozcan que la mayor parte de los temas que les interesan tienen cabida en eso que parece que muchos creen se encuentra en un museo: nuestra constitución.
Esos temas tan defendidos como la igualdad, el derecho a no ser discriminado cualquiera que sea tu condición sexual, edad, raza, religión, sexo, eso tan de moda como es la protección del medio ambiente, el derecho a una vivienda digna, el acceso a los recursos y riquezas del país, la movilidad laboral, residencial y económica dentro y fuera de las fronteras españolas y/o comunitarias, la protección por las administraciones de nuestros derechos e intereses, etcétera. Todo eso, y mucho más, viene en la Constitución y en cuantas normas la desarrollan y sin ser necesario un conocimiento exhaustivo de ellas, los españoles nos defenderíamos mejor, amén de que tendríamos una mejor comprensión de nuestro propio país, con unas simples y básicas lecciones de nuestro sistema democrático, ese del que tanto alardeamos cuando salimos a países con unos sistemas políticos, digamos dudosos.
Ojalá algún encargado/a de la educación de nuestros jóvenes lea estas líneas y llegue a la conclusión de que no es una tontería lo que acabo de exponer, porque incluso ese joven al que he tenido el placer de conocer me reconoció que le gustaría que incluyesen una clase o dos sobre estos temas ya que ni siquiera sabía que existiese una norma de protección de los espacios naturales, que existiese un Ministerio obligado a promover cuantas medidas sean necesarias para proteger el medio ambiente, que no es un tema que simplemente esté de moda.
Existen normas en la Constitución sobre ello y los poderes públicos han de atenerse a ellas y cumplirlas más allá de si está o no de moda. No se van a solucionar los problemas porque los jóvenes sepan que existe esa norma pero quizás en el futuro algunos reclamen derechos y medidas sabiendo de dónde salen esos derechos y por qué tienen y pueden reclamar su cumplimiento.