Ana Calvo

Autor: EFE
Foto: Ir a un museo puede ser un mundo de sensaciones y experiencias para tus hijos. Si acudís a alguno de los muchos que ofrecen actividades para los más pequeños de la familia, ¡se lo pasarán en grande mientras aprenden!
Mientras muchos padres empiezan ahora sus deseadas vacaciones de verano, los más pequeños de la casa ya llevan casi dos meses de descanso escolar en el que los ha dado tiempo a hacer casi de todo. Campamentos, cursos de idiomas en el extranjero, colonias urbanas, escuelas de deporte… Nuestros hijos no paran los meses estivales y, a algunos, aún les queda irse de ‘veraneo’ con la familia antes de que llegue la vuelta al cole. El objetivo está claro: conseguir que los más jóvenes de la casa aprendan a disfrutar viajando. Pero, ¿cómo conseguir que pequeños y mayores nos lo pasemos igual de bien?
A menudo, hacer planes con niños no es todo lo fácil que nos gustaría. Encontrar lugares en los que los más pequeños de la casa puedan disfrutar sin aburrirse se convierte en una tarea complicada y, en ocasiones, las riñas familiares por este motivo pueden echar por tierra las ilusiones que se habían puesto. Si unimos largos trayectos con madrugones y muchas horas de turismo cultural, el resultado de la ecuación no suele ser la sonrisa de los niños. Sin embargo, la oferta para hacer viajes con los “peques” cada vez crece más y ya no es tarea imposible que los niños disfruten viajando con sus padres.
Lo primero que hay que hacer es buscar en nuestro destino actividades pensadas para ellos y que se adecuen a su edad. Los niños plantean una serie de limitaciones que impedirán, por ejemplo, que se lleven a buen término largas excursiones a pie, deportes de riesgo o la visita a lugares en los que haya que esperar varias horas de cola para entrar. Lo ideal es ir a lugares en los que se puedan pasar días entretenidos, pero sin que el tiempo y las prisas sean los protagonistas.
A la hora de elegir hospedaje, lo mejor es huir de los hoteles de súper-lujo en los que el resto de huéspedes puede hacerle sentir incómodo si sus hijos se comportan como lo que son: niños. Es más recomendable buscar un alojamiento con zonas habilitadas para los “peques”, como áreas deportivas, parques infantiles e, incluso, personal de entretenimiento. Además, los aparta-hoteles, los apartamentos o las casas rurales son una buena solución, tanto por el ahorro que pueden suponer como por la mayor privacidad que ofrecen.
Además, cada vez más empresas cruceristas elaboran paquetes vacacionales adaptados a los niños. Así, mientras los “mayores” disfrutan del sol y la brisa marina entre escala y escala, los pequeños navegantes se lo pueden pasar en grande surcando los siete mares gracias a los diferentes programas de animación y espectáculos en compañía de otros “peques” de su edad.
¿Ciudad, playa o montaña?
Lo cierto es que, de las tres alternativas, lo más habitual es que a los niños la que menos les atraiga sea la del turismo urbano. A ciertas edades, los museos, los monumentos y los largos paseos por el casco histórico no son el “plan ideal” para los más pequeños de la casa… ¡hasta que encuentran “su” sitio!
Un museo puede ser un mundo de sensaciones y experiencias donde tus hijos se lo pasarán muy bien con el arte, con las ciencias o aprendiendo más sobre trenes, juguetes, labores del campo... Muchos museos organizan actividades y recorridos para que los niños disfruten, incluso, más que los adultos.
En el Museo de Historia Natural de Nueva York, si estás por la ciudad de los rascacielos, disfrutarán a lo grande en su cine 3D o en su planetario; y si haces turismo por España, no dejes de llevarlos al Guggenheim de Bilbao, donde podrán explorar las obras a través de la lectura de cuentos, juegos y otras actividades artísticas; al CosmoCaixa de Alcobendas (Madrid), donde harán grandes descubrimientos jugando y experimentando con sus propias manos; al Museo del Chocolate de Barcelona en el que, literalmente, se chuparán los dedos; o a los diferentes Museos del Juguete que se encuentran dispersados por toda la Península: Albarracín, Figueras, Ibi…
Con lo que, sin duda, se lo pasarán en grande es con los planes al aire libre. Excursiones por el campo y actividades multiaventura (siempre adaptadas a sus edades); ir de camping, a granjas-escuela o a alojamientos rurales en los que tengan un contacto directo con la naturaleza y con los animales, se convertirán en una experiencia tan enriquecedora como inolvidable.
El Gobierno de Castilla-La Mancha, por ejemplo, ha creado una guía de “25 escapadas para viajar con niños”, que conjugan el disfrute de la naturaleza, con el conocimiento del patrimonio y de la historia y las singularidades culturales de esta región. ¿El acierto? Presentar los tesoros que esconde la comunidad manchega como el escenario de un inmenso cuento en el que los personajes infantiles van guiando a los viajeros, contándoles las historias y curiosidades que esconden.
Además, no puedes olvidarte de las actividades deportivas. El verano es el momento ideal para practicar deportes acuáticos (surf, buceo, catamarán…) y, además, pueden ser una buena manera de pasar divertidos ratos en familia.
Y, por supuesto, los parques temáticos y de atracciones, destinos llenos de magia para cazadores de sueños de cualquier edad, donde los niños pueden hacer realidad por unos días sus propias fantasías y donde los padres disfrutan como si volvieran a su más tierna infancia.