Viajes

Una escapada de lujo: nos colamos en la Mansión Versace

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Ricamente decorada con los colores y el sabor del Mediterráneo, la mansión que un día habitara el diseñador Gianni Versace y que fue el escenario de su violenta muerte hace más de una década, abre sus puertas como boutique de un hotel de lujo, restaurante y centro de convenciones para clientes VIP.

Construida en 1930 e inspirada su arquitectura en la casa del descubridor Colón en Santo Domingo, Casa Casuarina se antoja como el destino perfecto para los huéspedes más selectos y los incondicionales de este diseñador que en el año 92 se enamoró de un rinconcito de paraíso en Miami y que no dudó en convertir pronto en su hogar.

Versace la restauró a su gusto, la engrandeció, añadió su particular “ala sur”, la piscina y el jardín que hoy hacen posible albergar las diez suites de lujo en la que se puede vivir un auténtico cuento de hadas. El resultado: una grandiosa villa rococó con sabor a diseño español e italiano a partes iguales y una fama internacional más que merecida.

Cada una de las diez suites tiene el sello personal del diseñador, que las convierte en una auténtica caja de joyas para dos. Todas ellas capturan un elemento diferente de la belleza de la mansión, desde los baños esculpidos en mármol hasta las camas king-size y el elegante lino las viste.

Además, el lujoso Hotel-Boutique ofrece a sus huéspedes unas exclusivas cabañas en South Beach; el “Observatorio”, desde el que se tienen unas espectaculares vistas del Atlántico; y tres ambientes diferentes para relajarse: la opulencia de Marruecos, la terraza a la luz de las velas y el Davidoff, el cigar lounge de la Maison Versace.

Pero si Casa Casuarina deleita algo, es el paladar. Las exquisiteces culinarias de Loftin’s 1116 Ocean reúnen en cada plato lo mejor de la cocina internacional adornado con el sabor único del Mediterráneo. El restaurante, situado en el patio central de la mansión, frente a la piscina, y dirigido por el afamado Chef Ray, combina pasión, experiencia y sabores únicos a la carta, configurándose como una de las apuestas seguras de la Costa Este.

Además, esta mansión digna de una teleserie de amor y lujo que desde 2005 sólo estaba abierta a los selectos miembros de su Club Privado, permite desde ahora disfrutar de este oasis a todos aquellos que lo deseen ( y a quienes la crisis y la cartera permitan pagar los 595 dólares que cuesta la noche en el alojamiento más “asequible” de la casa…).

¿Quién puede resistirse?

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