
Autor: EFE
Cincuenta años después de que el imperio Prada comenzara su andadura en el mundo de la marroquinería, Miuccia Prada, nieta del fundador, se puso al frente de la empresa familiar y la catapultó en apenas unos años al éxito internacional más rotundo.
La italiana, que antes encargarse de la compañía se doctoró en Ciencias Políticas e hizo sus pinitos en el mundo de la interpretación, consiguió hacer de la marca Prada un must imprescindible para toda celebrity que se preciara.
Sus bolsos se convirtieron rápidamente en el complemento más preciado de actrices, top models y editoras de moda de todo el mundo desde mediados de la década de los 80.
La sobriedad, elegancia y monocromía de sus diseños fascinaron enseguida al público más exigente, y la calidad y el exquisito gusto de los que estaban impregnados no dejaron indiferente a nadie.
En 1992, se lanza su segunda marca, Miu Miu, con un aire mucho más juvenil, desenfadado y estrafalario, inspirado en el propio armario personal de la diseñadora.
El color y los tejidos naturales se adueñaron entonces de los diseños y apareció el aire más hippie de Miuccia, lo que le valió el premio del Council of Fashion Designers a la Mejor Diseñadora Internacional al año siguiente.
A partir de 1994, su nombre se ha hecho imprescindible en las mejores pasarelas del mundo. Nueva York, Milán… han caído rendidas a sus pies. Y es que desde que comenzara su ascendente carrera, Miuccia Prada no ha dejado de cosechar un éxito tras otro.