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La crisis pisa los talones a la moda

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Como aseguraba la diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada hace unos días, “la gente ve desde fuera nuestro trabajo grande y glamouroso, aunque en realidad es algo muy duro y ahora, con la crisis que estamos viviendo, sólo podemos pensar en sobrevivir”. Por eso, ante la actual situación financiera internacional, el universo fashion no puede quedarse inmóvil y, en opinión de los expertos de WGSN (Worth Global Style Network), debe luchar con “las armas de la innovación, la inspiración y la reinterpretación de los clásicos”.

Aunque a menudo se tiende a pensar que diseñadores, modelos, coolhunters, fashion victims y demás “altos cargos” de la moda habitan un universo paralelo en el que no hay lugar para pensar en el Euribor o en las listas del paro, lo cierto es que la recesión mundial del consumo los ha puesto de golpe los pies en el suelo. Por eso, aseguran desde WGSN, la tendencia actual de los retailers apuesta “por conservar los antiguos clientes enfocando la actividad comercial en la construcción de una imagen de marca fuerte y una oferta de sus mejores productos y de los más exclusivos”.

Según afirma Sandra Halliday, editora manager de la sección de Recursos de negocio y Análisis de WGSN, ahora los proveedores buscan enfatizar aquellos productos “que hacen sentirse bien al consumidor cuando compra, como la sostenibilidad, el comercio justo o la conciencia medioambiental, buscando al mismo tiempo la singularidad y la exclusividad a través, incluso, del low cost o la combinación de lo clásico con la innovación”.

Por el imperio del Fast-fashion, la moda de consumo rápido que permite encontrar colecciones diferentes a cada momento en las tiendas de grandes cadenas, la semana posterior al 11 de septiembre Nueva York se tiñó de negro gracias a las prendas inminentes que el gigante Zara fue, y es, capaz de crear casi de un día para otro. Por este mismo motivo, “los Retailers de mayor influencia están abordando de frente la recesión económica y han podido responder rápidamente a la nueva situación financiera, ofreciendo al consumidor diseños innovadores, clásicos revisados y calidad asequible, a fin de darles razones convincentes para comprar”.

En una encuesta realizada por esta compañía líder en investigación, análisis y predicción de tendencias, a causa de las dificultades económicas en las que se ven inmersas millones de personas, los datos auguran que “los consumidores se van a decantar más por piezas duraderas y clásicas antes que por símbolos de estatus social”. Por eso, puede que en los próximos meses asistamos al principio del fin de las prendas fetiches de las celebrities, especialmente “los It-Bags y los vestidos baby-doll”, arroja el estudio. No obstante, los aires retro que miran a los ’80, los jerseys de vigoré gris, los contrastes en estampados, los flecos y los monos, subirán como la espuma.

Sin embargo, no todos reaccionamos igual ante la crisis. Según afirma Amanda Carr, especialista en diseño de tiendas y merchandising visual, “cada grupo de edad se comporta de forma diferente ante la recesión”. Así, mientras los nacidos en el baby boom demandan simplicidad y se fijan en el precio como un factor decisivo en la elección, los jóvenes consumen sin preocuparse de la crisis actual, pues “se muestran optimistas y eufóricos”.


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