Daniel Roldán/COLPISA
El sol aprieta. Los turistas, tumbados al sol, dejan pasar las horas en la playa. Entre ellos pasa un vendedor con una gran bolsa llena de polos Lacoste. Precio: dos a 20 euros. Son falsificaciones, cada vez más reales. Incluso vienen con el plástico envolvente de la casa francesa. Los bañistas hacen sus cuentas. En las tiendas, la unidad cuesta entre 70 y 90 euros. En la arena, a 10 euros. Más de uno pica. Esta escena se repite en toda la costa y en muchos mercadillos que pueblan la geografía española. El mercadeo de falsificaciones se ha convertido en el principal rival de las grandes marcas. Además, cuanto más caro es el producto, más bolsos, cinturones y calzados se piratean.
La Policía Nacional y la Guardia Civil intervinieron en 2008 mercancías por valor de 385 millones en 4.801 intervenciones y se incautaron de 7,5 millones de falsificaciones. Del total de las intervenciones realizadas, el 55% corresponde a productos que vulneran el derecho a la propiedad industrial y el resto, un 45%, al de propiedad intelectual. Sin embargo, el negocio de las falsificaciones logró unas cotas casi históricas durante el pasado año. El número de intercepciones, por ejemplo, se disparó un 190% más que en 2007; en el caso de las unidades incautadas, este incremento fue del 277%. Como es lógico, las grandes multinacionales son las más perjudicadas por estas prácticas; en este apartado, destacan las firmas de lujo.
Las mafias de falsificación juegan con los deseos de las personas, y más en época de crisis. Giran su negocio hacia aquellos productos que la gente de clase baja o media no se podrá comprar nunca, aunque lo desearía. En una tienda oficial o autorizada, un bolso mediano de firmas como Tous, Gucci, Carolina Herrera o Loewe oscila entre los 300 y los 800 euros; la horquilla en un punto de venta ilegal baja hasta los 50-80 euros. El informe sobre las intervenciones de la propiedad intelectual e industrial, presentado este martes en la sede del Consejo de Cámaras de Comercio, hace hincapié en este apartado. La marroquinería y los complementos fueron el sector más afectado por las falsificaciones, con cerca del 43% del total requisado.
Más ropa
Esta moda de llevar grandes firmas falsas ha beneficiado a otras marcas, como Adidas o Nike. El año pasado, se requisaron 97.000 unidades de la marca alemana, 9.000 menos que en 2007. "Esto se debe a que Adidas no es cara. Cualquier persona puede comprarla", comentó Manuel López, del departamento legal de Adidas. Su homóloga en Nike, Moira Viñas, apuntó la misma tendencia, aunque el problema del gigante estadunidense se centra en las zapatillas, las camisetas de selecciones de fútbol, las camisetas normales y los calcetines. "Copian sobre todo el calzado técnico de ’running’ y las zapatillas de la gama de Jordan", comentó Viñas. En 2008, los agentes aprehendieron 28.000 pares con el logotipo de Nike.
Las marcas colaboran de forma estrecha con las autoridades para acabar con el negocio y la cultura de las copias. Las propias casas tienen un departamento legal especializado sólo en localizar falsificaciones y ayudar a los cuerpos y fuerzas del Estado. "Lo normal es que cuando la Policía coge una falsificación en cualquier redada, nos mande una muestra para determinar su autentificación", explicó López. Muy pocas veces no es necesario ni siquiera ir al lugar de los hechos. Una simple fotografía mandada por teléfono móvil o correo electrónico es suficiente para validar la prueba.
Aduanas
No obstante, el gran trabajo de interceptación se produce en las aduanas. A pesar de que representa el 1% de las operaciones que llevan a cabo las policías, el 59,5% de las unidades incautadas se producen en las fronteras marítimas. "La ecuación es sencilla. En una operación en un puerto como el de Valencia, por ejemplo, se pueden decomisar miles de prendas. En un mercadillo, sólo unas decenas", explicó Soledad Rodríguez, directora general de la Asociación Nacional para la Defensa de la Marca (Andema). Los almacenes (13,6%), vehículos en tránsito (10,9%) y los comercios (6,7%) son los otros lugares donde más unidades se incautan.
Por comunidades autónomas, Comunidad Valenciana, Madrid y Andalucía superan cada una el 20%. El resto no alcanza el 10%; Cataluña está en el 6%, aunque sin contabilizar las operaciones de la policía autonómica; Galicia, Murcia y Castilla y León, con el 4% cada una.