En Londres, en la nave de una vieja iglesia desacralizada, Eva Herzigova se tumba sobre una alfombra de color crudo y empieza a retorcerse. Lleva un vestido rojo de Miu Miu y un sujetador negro. No es uno de los que resaltan el escote, los que la convirtieron en supermodelo a principios de los 90. Es cómodo, con tiras anchas y nada que realce el pecho. El nuevo enfoque del chic de alta costura de Miu Miu no está diseñado para provocar silbidos masculinos, pero mientras retuerce lentamente el cuerpo, arquea la espalda y levanta las caderas, Herzigova lo convierte en el atuendo más sexy. Esta mujer de 35 años, madre de un bebé de 21 meses, mira fijamente a la cámara, bella, poderosa, con un control total.
Los 90 están de vuelta
Y es que el atractivo de la supermodelo parece incombustible: Herzigova está tan solicitada ahora como a los 20 años. Sus últimas campañas han sido para Louis Vuitton, Cavalli y Swish Jeans, y ha firmado con Chopard y Karl Lagerfeld para Dom Pérignon. Y no es la única. Conscientes de que las mujeres que pueden comprar etiquetas de prestigio rondan los 40 años o más, cada vez más marcas de lujo acuden a Herzigova y a las supermodelos de su época. Claudia Schiffer aparece en los anuncios de YSL, Christy Turlington posa para Bally y Escada, y, tras salir en la última campaña de Prada, Linda Evangelista ha lanzado una gama de maquillaje para L’Oréal. Y lo mismo ha ocurrido en los desfiles: cuando Naomi Campbell y Stephanie Seymour desfilaron para Hermès en otoño, les robaron el desfile a modelos de la mitad de su edad.
La mamá que fue ’pin up’
Herzigova tiene sus propias teorías para explicar por qué han vuelto a dominar la moda: “Es por la economía. La gente quiere cosas que conoce”, aunque también cree que es más que un caso de que todo lo que se va, vuelve. Para ella, el revival de las supermodelos es una tendencia a largo plazo. “Habla de la posición de las mujeres en este mundo. Están confirmando su estatus. Ya no es un monopolio de los hombres, donde sólo las mujeres jóvenes y hermosas tienen valor. Todo lo contrario. Hoy, una mujer necesita ser mayor para ser respetada. Debe tener experiencia. Eso es lo más bonito de todo esto, de nosotras”, añade.
Ella ha pasado de ser una chica sexy codiciada por los hombres a una belleza con la que se identifican las mujeres. Escapó de la imagen de “pin-up” perdiendo sus curvas y se convirtió en musa escuálida de la alta costura. Ahora, tras ser madre, conserva una envidiable figura. “Ser madre te hace estar más conectada con la realidad y te sientes más cómoda con quien eres”, asegura. Eso sí, que nadie se atreva a decir que es una mamá sexy: “No soy una madre burguesa que sale de casa para lucir palmito con el bebé. Yo soy muy realista. En realidad, soy una mamá chicazo porque me visto para ensuciarme”. Y, con eso, regresa al suelo. Super hasta el último centímetro.
SUS SECRETOS...
• Nació en Litvinov (República Checa) en 1973. A los 17 años, yendo con sus padres, un desconocido la fichó para una agencia estadounidense.
• Su primera campaña fue para Guess, pero saltó a la fama con la de Wonderbra. Ha sido imagen de Maybelline, Calvin Klein, Dior y Givenchy, entre otros, y ha desfilado para los más grandes.
• George es el nombre de su hijo. Nació en junio de 2007 y su padre es el empresario italiano Gregorio Marsiaj.
• Estuvo casada con el batería de Bon Jovi. “No soy fan del matrimonio. Una boda detiene la progresión del amor”, dice.
• Ha participado en varias películas. Stanley Kubrick le propuso un papel en “Eyes wide shut”. Ella lo rechazó porque aparecía desnuda, drogada y, finalmente, muerta.
• Le gusta cocinar, montar a caballo, las motos, el tenis, la alfarería y la lectura.
• Tiene su propia línea de trajes de baño.
• Habla italiano, checo, ruso, inglés y francés.