Se ve que el valenciano tiene muchos, y buenos, amigos y seguidores, que no han dudado en poner esta mañana el despertador para ver una colección que las señoras que estaban a mi lado (hoy me he sentado fuera de los asientos reservados para prensa) no han dudado en calificar como fascinante, mágica y muy misteriosa. Esto último, se ve que por la música, la iluminación o el decorado, porque algunos de los diseños, en gasa transparente, dejaban todo, más que claro, transparente...
Y la verdad es que parece que, en general, ha gustado bastante al público, que se ha arrancado en ovaciones espontáneas al paso de algunas de las "novias by Montesinos" (todas ellas con coronitas de estrellas que a mí, personalmente, me recordaban a las que se venden en el mercadillo de Navidad de la Plaza Mayor de Madrid), y se ha puesto en pie cuando el modisto ha salido a saludar.
Rostros famosos, eso sí, no ha habido. Para las celebrities, excepto Espido Freire, que no se pierde ni una, la vida empieza a partir del mediodía y antes de esa hora, todo pertenece al mundo del subconsciente (del sueño, vaya).
¡Pero para que queríamos famosos teniendo entre el público al Señor de los Piercings! Si Tolkien levantara la cabeza, le hacía una trilogía... Nunca pensé, tonta de mí, que se pudieran agujerear semejantes partes del cuerpo. Todo el cráneo era un destello plateado fruto de las decenas, y no exagero, de pequeñas bolitas que lo decoraban junto a un gigantesco tatuaje. De su falda también colgaban arandelas pero, visto lo visto, no llamaban tanto la atención... Como vaya así al aeropuerto, los arcos de control deben ser un espectáculo sonoro.
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