Comiendo con mi amiga Marta Barroso, periodista de ABC, que también es miembro del jurado L’Oréal de esta edición, hablamos de las pequeñas cosas que hacen que ya en el tercer día de Cibeles, con el cansancio acumulado, la cosa se haga aún menos llevadera.
Las modelos con cara de malas pulgas. Todos somos consciente de que su trabajo es sacrificado, pero también, hay más profesionales sufriendo los desfiles que no tienen mal humor como fotógrafos, periodistas, vestidoras, planchadoras, limpiadoras, peluqueros, maquilladores, relaciones públicas, etc.
A todo esto, y en el fondo, las modelos suelen ser muy simpáticas y agradables, pero nos quejamos de la cara que ponen, de desgana. Eso sí, es un look muy cuidado patentado por las tops, y que sólo ellas pueden lograr.
Pero peor que las modelos, es el séquito de las modelos… personas que las acompañan y se creen que tienen carta blanca para hacer y deshacer todo, porque van con una modelo al lado. Nos preguntamos qué hacen el resto del año.
Otras personas que ponen aires de sufrir un gran estrés son los guardias de seguridad y las azafatas, que en cuanto abren las puertas del recinto, se crecen como por arte de magia. Tampoco nos gusta la gente que fuma donde no está permitido a veces a escondidas y otras veces no (baños, pasillos, cuartos desocupados, camerinos vacios etc.).
Y por último la gente que se deja puestas las gafas oscuras durante el desfile, ya sean celebrities, estén en primera fila, se quejen de que les deslumbran los focos, o no. La única que tendría licencia fashionista para llevarlas es Anna Wintour, la directora de Vogue USA, y que yo sepa, nunca ha venido a Cibeles.
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