
Autor: EFE
Foto: La política del PSOE Trinidad Jiménez y su acompañante, llegan cargados de glamour a la entrega delos Goya
No fue para tirar cohetes. Glamour había.Pero el justo. El justito, la verdad, encabezado ante el gran público por una Elsa Pataky venida a diva, una Natalia Verbeke quiero y no puedo y una Verónica Sánchez que remedaba a Gilda pero con un rostro aniñado bastante menos interesante que el de la auténtica. Belén Rueda habría deslumbrado al más puro estilo Nicole Kidman, con su vestido sirena en rojo rabioso, pues esbeltez y estatura no le faltan,si no fuera porque precisamente en estilo no anda sobrada y sus movimientos desacompasados reflejaban,además de los lógicos nervios, que no se sentía cómoda sin sus habituales vaqueros y look casual-sport.
Ciertamente la elegancia y el verdadero buen gusto quedan muchas veces deslucidos ante los excesos y desaciertos que muchas pretenden disfrazar de imagen impactante. En algunos casos,el desatino es tal que las prendas quedan ridículas o inapropiadas, y lejos de favorecer, resaltan zonas del cuerpo que no todo el mundo tildaria de "exóticas". Aunque sobre talento interpretativo, queda en evidencia que lo uno no va ligado a la falta de brillantez a la hora de combinar zapatos y bolso, o de elegir peinado o vestido.
Otras veces, el disfraz es bueno, que por algo se trata de profesionales del séptimo arte, y casi consigue engañar al ojo no experto, arrancando alabanzas sobre la pretendida elegancia de tal o cual actriz cuando no hay por dónde coger a la susodicha.
Pero entre tanto intento frustrado queremos destacar a quienes, no por llamativas precisamente, sino por saber vestirse para la ocasión, sí que dejaron alto el pabellón de la elegancia española.
Frente al escote sin sentido de Najwa Nimri, el descomunal y embutido final de espalda de Elsa Pataky (eso sí, monísima de cara y con una piel espléndida... ah, y bien peinada, que no es algo que se puede decir de muchas), el desacertado y soso tono del vestido de la flamante ganadora del Goya a la mejor actriz, Maribel Verdú, (quien tal vez por eso de que ésta vez sí le tocaba el premio, decidió mimetizarse con la estatuilla que le concedieron) y el vestido caído de Manuela Velasco, nos quedamos con el impecable corte y estilazo del vestido de Silvia Abascal, que supo sacarse el máximo partido, el original vestido de Blanca Portillo (mira que no nos gusta David Delfin, pero en este caso, el vestido se salía de todo lo demás sin resultar estridente y le sentaba bien a la actriz) y el maravilloso look y estilo, como siempre, de Goya Toledo.
¿Y qué decir de ellos? Gracias al cielo, nos han ahorrado imágenes como las del año pasado en las que más de uno parecía que iba a una gala de aniversario de un circo antes que a la alfombra roja (verde, en este caso) más destacada de nuestro país.
Algo hemos mejorado. A destacar Hugo Silva y Alejo Sauras, digno heredero, este último de lo que una espera de un galán de cine. Poca mención para los Alterios, Abdelazizes, San Juanes y demás "galanes" a los que aún les queda mucho para que en los Goya, nuestro premio de cine más grande, se rezume el glamour que la ocasión merece, o cuando menos,el saber estar mínimo aconsejado.