Hablar de Milán supone de glamour, de exclusividad, de grandes firmas sobre la pasarela. Hablar de Milán es hablar de moda con mayúsculas. Y es que la pasarela italiana reúne durante unos días a algunos de los mejores diseñadores del mundo para poner en alza el valor de unas tendencias que en los próximos meses vestirán a las mujeres más distinguidas y privilegiadas.
De Prada a Gucci, de Dolce&Gabbana a Armani, de Ferragamo a Moschino, de Etro a Alberta Ferreti, pasando por Cavalli, que ha puesto la nota de controversia en la Fashion Week al negarse a presentar su colección más joven, la de Just Cavalli, “por la crisis”.
Por eso, el diseñador italiano ha presentado una colección que huye del romanticismo y apuesta por una mujer dura, guerrera y combativa capaz de sobreponerse a los malos tiempos. Cavalli dice adiós a sus fantasías de color y a las prendas vaporosas y las sustituye por vestidos y cazadoras cortísimas, líneas rectas, tonos oscuros, cuero, tachuelas, chinchetas y cremalleras que recuerdan al estilo punk de los ’80, aunque asegura que no se ha inspirado en esta corriente.
Pero si Cavalli presentaba guerra sobre la pasarela, Cristina Ortiz, diseñadora de Salvatore Ferragamo, inundó Milán de misterio y seducción, firma de la casa. Todas las versiones posibles del rojo, del rosa al berenjena, salieron a pasear no para inspirar romanticismo sino pasión. Cortes complicados llenos de pinzas, formas geométricas y exageradas hombreras sólo aptos para mujeres osadas que no tienen miedo a insinuar su cuerpo enfundándose en faldas largas de tejidos velados y corpiños de organdí transparente.
La colección firmada por la diseñadora italiana Veronica Etro, por su parte, estuvo compuesta por prendas menos étnicas y más sofisticadas de lo normal, tomando como inspiración los colores de los mosaicos bizantinos. Extravagantes e insólitas combinaciones de piel y seda, flecos y lentejuelas, deslumbraron en pantalones, vestidos y abrigos en los que los tonos bronce y dorados fueron los protagonistas absolutos, además de las vaporosas túnicas en colores calientes.
Pero la explosión de brillo llegó con la colección de Frida Giannini para Gucci. Inspirándose en China Town, la casa italiana llenó sus prendas de lentejuelas y brillantes, desde trajes de corte masculino, pero con pantalones pitillo, a vestidos cortísimos, pasando por los completos de bailarina moderna al más puro estilo "Fama" o "Flashdance". Todo ello acompañado de botas que llegan hasta los muslos y terminan en tacones vertiginosos.
Los diseños de la firma Emilio Pucci y su nuevo diseñador, el joven noruego Peter Dundas, entusiasmaron a la Princesa Mette Marit, que estaba en el front-row, gracias a los "micro-vestidos" y las botas con altísimos tacones, que dan un aspecto fuerte y agresivo a la mujer.
Mientras, la diseñadora Rossella Jardini jugó, para la casa Moschino, con las formas y los colores para su nueva colección. La originalidad, además, no faltó en un desfile en el que se pudieron ver enormes flores rojas, millones de retales de tela, lazos y volantes exagerados y metros y metros de organdí.
Uno de los momentos más esperados de la Fashion Week milanesa llegó de la mano de Giorgio Armani, que jugó con los tonos grisáceos y los tejidos livianos en sus propuestas para una mujer “de porcelana” que no sale a la calle sin sus complementos más chic: los guantes tipo Gilda y el gorro.
Por su parte, Dolce & Gabbana apostaron por una línea otoño-invierno de inspiración operística con algún que otro estampado que recuerda a los cuadros barrocos. Tutús, corpiños, vestidos adornados con lazos, pasamanería y minifaldas en forma de paraguas que bien podrían haber lucido las Meninas de Velázquez completaron una colección que tuvo como invitada de excepción en el front-row a la nueva imagen de la firma, la actriz Scarlett Johansson.