La diseñadora Agatha Ruiz de la Prada fue la encargada de abrir la 47 edición de la Pasarela Cibeles con una colección prêt-à-porter llena de color, con materiales tradicionales como la lana o el algodón y prendas básicas cada vez más accesibles al gran público.
La investigación de volúmenes, especialmente en las formas globo, aplicados tanto a vestidos como a blusones y abrigos, es la nota predominante de la nueva colección otoño-invierno de la original diseñadora.
Los colores cálidos se mezclan con los fríos para imprimir el característico sello de De la Prada en camisetas, faldas y vestidos, adornados con estampados de corazones, la marca de la casa, flores y estrellas, con un resultado colorista que alegra los fríos días del otoño-invierno.
Amplios abrigos-capa de lana en fucsia, verde-limón o naranja dan paso a cazadoras de piel estrechas que se ajustan al cuerpo o vestidos multicolor adornados con tiras en oro y fucsia, todo ello aderezado con complementos como cinturones, gorros de lana estilo Robin Hood, boinas y botas acharoladas o transparentes.
La diseñadora no apuesta en su nueva colección por una sola tendencia, jugando con el tejido para elaborar pantalones anchos y estrechos y creando volúmenes con formas globo en mangas, cuerpos y faldas. También incluye Ruiz de la Prada en esta colección, al igual que hiciera en la anterior, una atractiva línea de nieve, con prendas muy vistosas y coloridas cuyo principal elemento común es la comodidad.
La diseñadora sigue apostando por las prendas ecológicas y concede una gran importancia a los complementos de la cabeza, que va siempre adornada con cintas-turbantes que sujetan el pelo rematadas con discos multicolores.
Con el desfile de Agatha comenzó una intensa cita con la moda española en la que treinta y siete diseñadores presentarán sus colecciones con la ayuda del cásting de modelos, que durante estos días se han sometido al control de peso que finalizó ayer y en el que quedaron excluidas tres chicas procedentes de diferentes países europeos.