¡Qué comparación con más poco glamour!, pensareis. Pero no es que lo diga yo, son palabras de Pablo, las manos expertas que hacen posible que cada hora y media las modelos que desfilan sobre la pasarela estén perfectas, justo como el diseñador de turno las imaginó en sus delirios creativos.
Después de cinco días maratonianos en los ya casi ni sé qué desfile estoy maquillando, Pablo está exausto, aunque reconoce: esto engancha y que cuando esta noche termine todo lo echaré un poquito de menos.
Para poder hacer luego su trabajo con agilidad, "antes de que empiece Cibeles, tenemos una reunión en las que cada diseñador junto al director de maquillaje de L’Óreal Cibeles nos marcan las pautas, porque en cada desfile todas tienen que ser clónica y todo debe ser muy rápido", asegura el maquillador. Apenas tienen una hora para “hacer el milagro” entre pase y pase, por lo que Pablo asegura entre risas que “esto es como una fábrica de chorizos”.
"En esta edición el encargo más “rarito”, aunque quedaba muy chulo, fue el de José Castro, que cerró El Ego, porque las modelos salían con media cara (de la nariz hacia arriba) pintada de negro", comenta. "Y es que hay veces que dices ¡dios mío lo que tengo que hacerle a estas chicas!", cuenta. "Porque, sin duda, la estética que está triunfando se pinta en este color, aunque no tan exagerado, el ojo fumé es lo que más nos están pidiendo".
Quizá por estar todo el día con la brocha en la mano, Pablo es de los de cuanto menos mejor, así que su must-have es sin duda, una buena crema hidratante.
Además, nos da el top-3 de lo que nunca debe faltar en el bolso de una mujer: una máscara de pestañas, un buen colorete y un gloss transparente. A partir de ahí, lo que cada una quiera llevar.
Palabra de experto.
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