Por Ana Calvo

Autor: REUTERS
El desfile del martes por la mañana de Miriam Ocariz ha sido correcto. De esos que no destacan ni por un lado ni por otro. Anoche me comentaba Nuria González, esposa de Fernandez Tapias, que es mejor pasar desapercibida que llamar la atención por exceso. Pero en un desfile de moda, cuando ocurre eso, cuando pasa sin pena ni gloria, el diseñador corre el riesgo de que uno se olvide de lo que ve en la pasarela y se dedique a mirar a la fauna que le rodea...
Y aquello parecía la selva. Cuando la palabra friki se inventó, no se pensó en otra cosa que no fuera en alguno de los estilismos que se pueden ver merodeando por la Pasarela Cibeles.
Después del "Señor de los Piercings" del desfile de Montesinos, pensaba que lo había visto todo. Craso error. El chico que se ha sentado delante de mí, obviando un vestuario más que cuestionable en el gusto (camiseta blanca que si mi abuela la viera diria que era de las interiores que vestía su marido y pantalón pesquero, no pirata, pesquero), llevaba las cejas teñidas de rosa chicle. Supongo que por lo menos llevaría las dos a juego, porque la mitad de la cara se la tapaba un enorme flequillo lacio y no me he atrevido, después de que me pillara mirándole anonadada, a decirle que si se lo retiraba un poco para comprobarlo...
El joven se ha reunido después con otros dos amigos que tampoco tenían desperdicio. Uno, debía ser médico y no le había dado tiempo a pasar por casa a cambiarse después de la guardia de anoche. Eso sí, se había customizado el uniforme hospitalario y, sobre la bata abierta repleta de chapas ochenteras, lucía un enorme foulard, combinado con unas zapatillas Victoria (de las que nos poníamos cuando éramos pequeños) y unos pantalones remangados, como si fuera a cruzar un río.
El otro había optado por un aire más neo-country. Sombrero de pana, camiseta con chaleco superpuesto, pañuelo "a lo bandolero" al cuello, shorts y zapatos bicolor con los calcetines subidos por encima del tobillo. Así, sin anestesia.
Luego me he parado a hablar con dos, no se si bien calificadas, "góticas". Total look en negro sólo amenizado con un toque de color en el pelo, una en rosa y otra en azul. Pinchos, calaveritas, ataudes, ... Y encima habían venido a Cibeles para tantear el ambiente, porque queremos ser diseñadoras. ¡Las jóvenes promesas vienen pisando fuerte! Más que nada porque con las plataformas, o andamios, que llevaban no podía ser de otra forma.
Por cierto, ¿quién pensaba que cubrir una pasarela de moda no era una actividad de riesgo? Según venía a la sala de prensa desde donde escribo estas líneas, casi me atropella uno de los chicos de la organización al volante de un patinete a motor. Menos mal que me he apartado, que si no, era para habernos matado.