Laura Requejo

Autor: CARLOS ALSINA
Es su sueño hecho realidad. El diseñador catalán Josep Font ha desfilado en la Alta Costura de París. Un viaje a su propio universo creativo en el que ha mostrado lo mejor de sí mismo: una colección de primavera que es belleza en movimiento. Todo aquello que le inspira, la armonía en los colores y formas, estaba presente en los 16 looks que subió a la pasarela del Espace BMCS de la capital de la moda. Descubre su historia.
Aunque es más un cuento de hadas que una historia de suspense, esta aventura comienza, como las novelas de Chandler o Hammett, con una llamada de teléfono; la que Monsieur Didier Grumbach, presidente de la Federation Française de la Couture, el máximo organismo de la Alta Costura parisina, le hizo al diseñador español Josep Font al comenzar el otoño.
El mensaje era claro y directo: “Queremos sangre nueva en la pasarela y nos encantaría que desfilaras con nosotros”. Era una invitación acompañada de un “haz simplemente lo que tú sabes hacer”, una oferta imposible de rechazar. A Font y a su equipo, la noticia les pilló en mitad de los preparativos del pret à porter. “No nos lo esperábamos –confiesa–; estábamos en otra cosa y tuve que reunir a todo el equipo antes de tomar la decisión”. Porque, aunque el propio Font se encarga de realizar la mayoría de los bordados, en su taller dedican casi 30 días a elaborar cada una de las prendas y, si asumían el reto, iban a tener tan sólo tres meses para poner en pie más de 60 elementos.
No le faltaba la inspiración, pero sí que echaba de menos tener, por ejemplo, los medios de Chanel o de Dior. “Para todos nosotros suponía un triple trabajo y quería estar seguro de que íbamos a llegar a tiempo. Tenía que plantear toda una colección desde cero, necesitaba pensar cuál iba a a ser el tema. Era de locos, pero la respuesta fue sí”. Lo que tenían ante ellos era una labor titánica para la que fue necesario contar con 12 personas más y hacer un notable esfuerzo económico, ya que, al contrario que en España, donde las entidades públicas subvencionan a los diseñadores para que desfilen, en la Alta Costura de París cada creador paga todos sus gastos.
UN DEBUT DE LUJO
El 24 de enero se cumplió su sueño. “Di riendas suelta a mis obsesiones: el circo, la música, la poesía, el volumen, los lazos, los volantes... Mi objetivo inicial era darle la vuelta a los tejidos, sacar mucho más de ellos de lo que había conseguido nunca. Acabamos bordando sobre bordados, creando volúmenes, dando formas a los materiales para que de lejos parecieran aguas mecidas por el viento”.
Todo aquello que le mueve y le inspira estaba presente, concentrado en las puntadas y costuras con que había dado forma y volumen a los 16 looks que subió a la pasarela del Espace BMCS de París. Esta antigua sala del Louvre, rematada por una enorme claraboya que ideó Gustav Eiffel, se transformó para Font en espacio en estado puro, donde la original voz de la cantante francesa Ethel quedaba suspendida mientras las modelos avanzaban con sus propuestas. Era un viaje a su propio universo creativo, un mundo paralelo que le mantiene en una permanente búsqueda de la belleza y que tiene como fuentes de inspiración la armonía en los colores y las formas, su interés por lo orgánico, las tonalidades etéreas y la esencia de la naturaleza.
Font ha controlado todos y cada uno de los detalles de su bautismo de fuego, y eso incluye el diseño creativo de la peluquería y el maquillaje. Las fantásticas y preciosistas formas del cabello de las modelos –sobre cuyas cabezas se alzaban hojas, flores, tallos y plantas trepadoras– las creó Marcel Montlleó, bajo la supervisión de Font, que describe el resultado como “muy orgánico, muy “couture”. Para el maquillaje, se alió con Lancôme, para quien Font reinterpretó hace unos meses la nueva presentación de su perfume Hypnôse.
En realidad, todo empezó en París con un premio, el Air France, que supuso el pistoletazo de salida a su trayectoria creativa. Así que no es extraño que la historia culmine en la misma ciudad. “Es como si se hubiera cerrado el círculo”. ¿Y a partir de ahora? “El mayor reto al que me enfrento es seguir haciendo lo que me gusta”, concluye.
LOS ANTECESORES
Pocos son los llamados y menos aún los elegidos. Españoles que hayan desfilado en la Alta Costura de París se pueden contar exactamente con los dedos de una mano: Cristóbal Balenciaga, Antonio del Castillo, Manuel Pertegaz, Paco Rabanne y, ahora, Josep Font. Balenciaga fue quien abrió la brecha en 1937. Hijo de un pescador y una costurera de Guetaria, llegó a París huyendo del desastre de la Guerra Civil y se instaló allí hasta su retirada en 1968. Antítesis de Christian Dior y rival de Coco Chanel, tenía un portentoso don para crear volúmenes y formas de la nada.
Siguiendo sus pasos, Paco Rabanne, que inició su carrera diseñando joyas para la Casa Balenciaga –su propia madre era costurera en el taller del maestro–, sorprendió a todos con su primera colección de 1965, en la que sus vestidos estaban confeccionados con arandelas de plástico unidas entre sí por aros metálicos. Antonio Cánovas del Castillo, descendiente del político español del mismo nombre, además de ganar un Oscar por el vestuario de "Nicolás y Alejandra" en 1971, trabajó para Paquin, Piguet y Lanvin en los años 40 y 50, y sacó a flote su propia firma de Alta Costura durante cuatro años (1964-1968), antes de dedicarse por completo a la escenografía. Por su parte, Pertegaz triunfó, tanto en París como en Nueva York, durante los años 60.
LAS CLAVES DE SU ESTILO
• Armonía orgánica. Como explica el propio Font en el catálogo del desfile, “cada una de las prendas responde a un juego entre forma, color y estampado, un cálculo íntimo, obrado entre la pieza y el diseñador, que, en ocasiones, desafía el equilibrio”. Así, como en una arquitectura orgánica, cada modelo es un universo propio, generado por la lógica del mismo vestido.
• Colores y formas. Font no deja ninguna de sus elecciones al azar. Rojos, naranjas, fucsias, marfiles, ocres, negros azabache y varias declinaciones de verdes –del ácido al orgánico– son los tonos sobre los que ha construido esta colección en la que hay encajes, lazos y pasamanería, y que es todo un homenaje a lo bello, a lo etéreo y a la naturaleza.
• Materiales muy elaborados. “Eso de darle la vuelta a los tejidos es algo muy mío –explica–. Siempre busco interpretarlos de otra forma, ponerlos del revés si es necesario o añadirles una capa de organza para conseguir un efecto visual de agua”. Por eso ha bordado sobre lo ya bordado y los ha retorcido hasta dar con el volumen exacto o la forma imposible. “Los vestidos evolucionaban mientras cosíamos”.