Ana Calvo

Autor: AGENCIAS
Foto: En el siglo XIX, las mujeres iban a la playa con modelos que cubrían el cuerpo femenino desde el cuello a los tobillos.
De aquella ropa de playa que cubría de cuello a tobillos a los mini-bikinis brasileños, la evolución del bañador ha sido extraordinaria. En el último siglo, los atuendos que han envuelto los cuerpos de hombres y mujeres en costas y piscinas han cambiado radicalmente. Si en el siglo XIX se llevaba el “seis piezas”, en los “locos años 20” los petos bombacho que dejaban al descubierto hombros y pies causaban estragos en las playas más “modernas”. Y ahora, el top-less y el nudismo están a la orden del día de unos años a esta parte.
Eso de “ir a la playa” ha pasado con los años de ser una recomendación médica para poner remedio a enfermedades tan dispares como la meningitis o el “mal de amores” a una costumbre generalizada, cuando la economía lo permite, en fechas puntuales a lo largo del año.
Y para hacer este viaje, hay que vestirse acorde a las circunstancias… o no. Porque el concepto “playero” no es el único que ha cambiado con el paso del tiempo. El traje de baño utilizado en estos viajes a la costa ha ido evolucionando y se ha convertido en un reflejo más de los cambios de una sociedad siempre dinámica.
El concepto “mini” de los bañadores actuales dista, y mucho, de aquellas mujeres decimonónicas que acudían a “sus baños” en el mar completamente vestidas, con todos los peligros que esto suponía (ahogamientos, lipotimias, problemas en la piel…), y que vieron en el “seis piezas”, una prenda a medio camino entre el vestido y la ropa interior que causó furor en la segunda mitad del siglo XIX, una transformación de lo más ventajosa. Así nacieron los primeros "modelitos", confeccionados con el mismo material de las demás prendas de vestir, como la franela, y diseños basados en una parte de arriba muy ajustada, con cuello alto y mangas hasta los codos; falda a las rodillas y debajo pantalones largos, medias negras e incluso zapatillas de lona.
A comienzos del XX, cuando casi cualquiera de las cosas que hoy vemos naturales ni siquiera se hubiera imaginado, las mujeres seguían vistiendo estos atuendos voluminosos en extremo que apenas les dejaban margen de movimiento, ni dentro ni fuera del agua. Era imprescindible que alguien diera el gran salto adelante que permitiera a las damas liberarse de esos incómodos trajes de baño.
Y ahí estaba, entre otras “visionarias” de la moda y las costumbres, la “sirena” australiana Annette Kellerman. Donde antes había enormes estructuras rígidas, ella introdujo la seda, que se ceñía al cuerpo y permitía moverse con comodidad en las excursiones a la costa. El primer paso estaba dado.
Poco a poco, empezaron a restarse centímetros de aquí y de allá, siempre con mesura. Comenzaron a florecer piernas y escotes por las costas de medio mundo, y los cuerpos cada vez se descubrían más…
La primera etapa de la “evolución” se completó en la década de los treinta con el traje “dos piezas”, un bañador con espalda y tirantes muy delgados. Pero la verdadera revolución tendría que esperar hasta después de la II Guerra Mundial cuando, por fin, Louis Réard creó¡el bikini!.
El escándalo estaba servido con una prenda tildada por amplios sectores como “indecente”. Hasta que Brigitte Bardot lo eligió para aparecer en público en sus vacaciones en Saint-Tropez y en Cannes, fue un atuendo casi tabú y que sólo lucían las mujeres más atrevidas.
Pero a partir de la
década de los sesenta, con la
liberación femenina en boga, el traje de baño se fue reduciendo hasta límites casi insospechados y que
hubieran provocado un fallo cardiaco a más de uno en aquellas recatadas sociedades de principios de siglo.
La
lycra y demás materiales “novedosos”, las
formas escuetas, la
falta de delimitación clara entre ropa interior y prendas de baño y, cada vez más, las
tendencias naturistas que apuestas por el top-less o el nudismo han puesto, de momento,
el punto y seguido a una historia, la del traje de baño, que se irá escribiendo a la par que la de nuestra sociedad, siguiendo el ritmo que marquen las costumbres cambiantes de cada época.
Para hacerse eco de esta evolución, el Museo Marítimo Nacional de Australia tendrá abierta hasta el 25 de octubre la exposición “Exposed! The story of swimwear”, una retrospectiva en imágenes de este fenómeno social, a la que pertenecen las imágenes que ilustran este reportaje.