Ana Calvo

Foto: El binomio estrella de Gisela esta temporada se presenta en varios colores. En la imagen, en un elegante negro
Cuenta Homero cómo la diosa del amor Afrodita prestó a Hera, esposa Zeus, el maravilloso ceñidor que moldeaba a la perfección su femenina cintura para que así volviera a reconquistar al gran dios, que le había sido infiel con un sinfín de bellas jóvenes. Cuando Zeus vio a Hera lucir tan delicada prenda, cayó rendido a sus pies, ardiendo de amor y loco de deseo por ella. Atrapado para siempre, relata el gran poeta clásico, por la innegable belleza de su mujer.
Desde la Antigüedad, la mujer ha sentido la necesidad de cubrir las partes más íntimas de su anatomía, bien como reflejo de pudor, bien como arma para seducir a sus amantes.
Sentirse sexy y atractiva por dentro permite a la mujer mostrarse más bella y confiada si cabe por fuera. La erótica que envuelve a las prendas de lencería es un comodín que todas guardamos bajo la ropa, y que sólo mostramos cuándo y a quién queremos.
Capaz de hipnotizar al Don Juan más experimentado, la lencería guarda en su historia más remota una carga simbólica muchas veces desconocida. En las antiguas culturas griega y romana, estas prendas eran, además, un distintivo del estado civil de las mujeres, luciendo unas u otras en función de si estaban casadas o no, así como de su posición social, que venía determinada por la riqueza y el lujo de los materiales utilizados para confeccionarlas.
La evolución de la lencería siempre ha ido de la mano de las nuevas tendencias. Sin embargo, la magia y la erótica nunca se ha perdido.
En la época de las grandes monarquías absolutas europeas, las maria-antonietas de la época no dudaban en moldear su cuerpo con imposibles corsés que reducían sus cinturas a la mínima expresión, para así estar más bellas y atractivas según el gusto del momento. Posteriormente, en las primeras décadas del siglo XX, un fuerte cambio social y cultural trajo consigo prendas mucho más llevaderas, sin que esto significase una pérdida del valor sensual de la lencería femenina.
Las grandes estrellas del celuloide de los años 50 pusieron de moda la estética pin-up gracias a la utilización de prendas íntimas que les permitían destacar y exagerar sus curvas por medio de corsés; y ya en la década de los 60, el movimiento hippie propició la liberación femenina de la ropa interior en favor de las corrientes naturistas. La generalización del uso de pantalones por parte de las mujeres supuso una tendencia minimalista de la ropa íntima, hasta llegar a la aparición del tanga.
Sin embargo, como la moda se define por el eterno retorno del ayer reinventado, todo vuelve y todo se va también en lencería. Lo que nunca cambia, sin embargo, es el magnetismo sensual que se consigue por medio de las prendas femeninas más íntimas.