Pues sí, este nombre me pusieron Anna y Toni cuando me adoptaron aquella tarde fría en la Protectora de Lídia Argilés (¡una mujer estupenda!), la casa de tantos perros, perritos y perrazos que, desgraciadamente, no han tenido la misma suerte que yo. Lídia me apartó de mi madre porque vio en Anna y Toni un mejor futuro para mí. Me colocó en los brazos de Anna y en este instante yo, como en un casting, aproveché esta oportunidad de oro y puse mi mejor cara, la de angelito y me hice la dormida. ¿Cómo iban a despertarme aquellos dos bonachones, para devolverme al suelo frío?
Aquella noche ya dormía en mi nuevo hogar, con mi nueva familia. “Este nombre es provisional” decían, “cuando tengamos un nombre más decente, se lo cambiaremos”. Se ve que no se les ocurrió otro nombre. Entonces tenía un mes y medio. Han pasado ya tres años.
¿Cómo podría resumir yo tantos cambios, tantas travesuras, mi infancia (bueno, mis dueños dicen que aún estoy en ella, pero yo ya soy adulta! Aunque... infantil y juguetona sí que soy un poco...), el aumento de familia, etc? Uy, ¿he dicho aumento? Me olvidaba de hablaros de Matalot, mi hermanastro. Lo adoptaron en la misma Protectora un par de meses más tarde que a mí.
Tengo que remarcar que Matalot es inmenso, él era el perro más grande de la Protectora. ¡Qué miedo, ¡la primera vez que le vi! Claro, yo era muy pequeñita, y lo primero que hice fue esconderme bajo el planchador. Pero los dueños me aseguraron que no pasaba nada y nos fuimos todos a jugar al río de Lleida. Y como buena bandida que soy, aquella misma tarde ya no le tenía miedo, al contrario, empecé a martirizarlo sin parar, ladriéndole y mordiéndole la cola (cuando llegaba, porque cuando tenía la cola para arriba, ¡tenía que saltar para llegar!).
Pero de todas maneras y a pesar de pegarle gritos para todo, él es un trozo de pan conmigo y nos llebamos más o menos como buenos hermanos. Ahora ya hace tiempo que vivimos con Toni en Tarragona; Anna, que nos quiere mogollón, viene siempre que puede para sacarnos a la calle, para llevarnos al veterinario, cuidar de nosotros, ¡lo que sea! Nos hace de canguro si Toni no está y, lo mejor, cuando duermo con ella encima de sus pies.
Sí, Anna nos permite algunos caprichos; dice que soy su mejor amiga sin duda alguna y espera que no le vuelva a dar ningún susto más, pues últimamente he estado un poco malita. Pero ahora soy la Bandida hiperactiva de antes e intentaré que sea así durante muchos años, al lado del dormido-sin-prisa Matalot, ¡¡claro!!
Firmado: Bandida Lludriga i Estafa