Redaccion

Coral

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Noviembre, un sábado helador, subo en bici desde la urbanización dónde vivo hacia el pueblo, la veo, temerosa, pegada a las paredes, temblando de frío y de miedo. Cuándo vuelvo, 2 horas más tarde, está acercándose a la puerta de nuestra casa, nos ha elegido, se deja acariciar, come un poquito, bebe y nos mira con esa indefensión que te desarma. Ha ido perdiendo el pánico que tenía a todo lo que la rodeaba, ahora es cariñosa con los humanos y, según dice su veterinaria, es muy "chulita" con otros perros, gatos, pájaros. Creo que se siente segura.
 
En estos días nos está demostrando su bondad: he recogido una gatita, Trufa, maullaba desesperada, flaca, sucia y enfermita desde un rincón del garaje de mi trabajo. Al poco tiempo compartían cama y juegos. Mi marido, riendo, le dice: "Coral, ¿tú te acuerdas de cuando eras pobre?". A mí me gustaría que no se acordara.

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