La primera vez que fui a la protectora de animales, ni lo vi de los lagrimones que me salian de los ojos al ver tantas/os perras/os que habian sido abandonadas/os. A la tercera va la vencida.
Caundo lo vi dentro de una de las jaulas, no se acercaba como los demás a la reja que nos separaba, pero sí defendía a otro perro al que los demás no dejaban acercarse. Éste se coloco detrás de Leo, mi precioso perro, y enseñó los dientes a aquellos que le seguian por detrás. Esa actitud es lo que más me cautivó.
A partir de ese día pocas veces nos separamos y realizamos juntos muchas actividades, menos la de nadar ya que no aprecia para nada los baños aunque la nieve le priva. Es muy guapo y sino mirad bien estas fotos.