Redaccion

Merengue

Merengue es mi mascota. Es un siamés grandote y regordete, con unos preciosos ojos azules. Le pusimos un lacito rojo con un cascabel en el cuello que nos ayuda a saber por dónde anda. Nació el 1 de julio de 2006 y lo tenemos en casa desde agosto de ese año. Desde entonces, es uno más de la familia. Fue un regalo de una de mis alumnas. 

Le encanta comer colas de pescadilla. Por la mañana, cuando nos levantamos, ya está detrás de la puerta del patio, esperando que le llevemos la pesca recién hervida en ese cazo que él conoce tan bien. Va detrás de mi madre, que es quien se la prepara a diario, y en un periquete, da cuenta de ella. También come bastante bolitas de pienso, pero sólo si ese día no ha habido pesca.

Se pasa toda la mañana detrás de la abuela, mi madre, mientras ella realiza las tareas de la casa por la portada, porque Merengue vive en la portada y Camarón, ahí tiene su reino, con distintas cunitas y cajas donde descansa, sus cacharritos para comer y beber, los cartones donde se lima las uñas, etc. El camarón, sobre todo, es su territorio. Cuando no lo encontramos por la casa o la portada, allí está. 

A veces, lo encontramos asomado a la ventana alta que da a unos tejados y desde donde ve a todos los gatos que corretean y van de acá para allá. Creo que los envidia por esa libertad de movimiento, pero ellos no tienen un hogar con calor, comida y donde los quieran y cuiden. Al anochecer lo dejamos que entre a la vivienda.

Le gusta mucho tumbarse enroscado en el regazo del abuelo, mi padre, al calorcito del brasero de la mesa, o se tumba encima de ésta. Cuando los abuelos se levantan del sofá por lo que sea, aprovecha y se coloca en el sitio que han dejado, como diciendo, “ahora me toca a mí y aquí me quedo”. Otras veces se cansa y se va a cualquiera de los sillones y se coloca a su antojo, una vez que se ha lavado, porque es realmente limpio y siempre se está aseando. Cuando se cansa del comedor o tiene que salir, maúlla y se va a la puerta pidiendo que le abramos. 

Cuando entramos a la portada y lo llamamos, baja enseguida del camarón, sonando su cascabel, y cuando llega a donde estamos, se tumba y se pone patas arriba para que le hagamos cosquillas, le encanta. Creo que he dado una pequeña idea de cómo es nuestro Merengue, también conocido como Merenguito, Merengón, Michi, etc. Es un miembro más de la casa, sin dejar de ser un animal. Espero que esté mucho tiempo con nosotros y siempre lo cuidemos como se debe hacer con los animales, porque son unos seres que nos dan compañía, cariño, nos distraen, y no piden nada a cambio.

Para terminar, unas palabras del protagonista de este relato. Merengue:
“Os envío un saludo minino. Estoy muy contento en mi casita, con el abuelo, que me acoge en su regazo por las noches, aunque creo que a veces me tiene envidia, dice: “Siempre estáis pendientes del gatito…”, pero sé que, en el fondo, me quiere. Con la abuela, que me hace mi pesca y con la que paso la mayor parte de la mañana. Con mi dueña legítima, que me mima mucho, me hace cosquillas y me lleva cada 17 de enero a la ermita de San Antón para que me bendigan, y con los nietos de la casa, Sara, que siempre me saluda y acaricia muy cariñosa, y Andrés, con el que me llevo regular porque le encanta jugar al tenis y al baloncesto en la portada y da unos pelotazos que me asustan mucho y me hace de rabiar, por eso le bufo, me cae regular… pero estoy feliz con ellos y ojalá todos los animales tuvieran una familia que los cuidara y que ninguno fuera abandonado ni maltratado”.

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